domingo, 29 de abril de 2018

Cognición y conducta


Cognición y conducta son dos términos ampliamente utilizados en los estudios arqueológicos. La conducta porque su estudio constituye el principal fin de la Arqueología, Antropología y Prehistoria; y la cognición o capacidades cognitivas porque se considera como causante de tales manifestaciones conductuales. Su unión (causa-efecto) parece muy clara, pero las características de tal unión no están muy claras entre los que se dedican al desarrollo práctico de las disciplinas académicas antes mencionadas.

Algunos ni siquiera se lo piensan, otorgando a cada especie humana las capacidades cognitivas que la evolución les ha concedido. Otros, trabajando dentro del marco temporal de cada especie, opinan que se debieron de producir las mutaciones que favorecieron o potenciaron las características conductuales que aumentaron significativamente la adaptación humana a los diversos ambientes (más o menos hostiles) en los que consiguieron sobrevivir y desarrollarse. Sin embargo, conocemos dos criterios que desmienten en gran parte tales aseveraciones, uno arqueológico y otro psicobiológico.


- Arqueología. En los intentos de establecer una correlación entre las capacidades cognitivas humanas y los datos arqueológicos, Colin Renfrew descubre lo que ha denominado como sapient paradox. Conocemos que la base biológica de nuestra especie se estableció hace más de 100.000 años, mientras que las primeras muestras arqueológicas de un comportamiento sabio (simbólico y complejo) no aparecen hasta fechas que sitúa sobre el 60.000 BP (p. e. en África en Bomblos), pero las conductas propias de nuestro sabio cerebro no se establecieron hasta mucho después de forma definitiva hasta el inicio del Paleolítico superior (40.000 BP en Europa). Con estas consideraciones arqueológicas las conductas con un complejo simbolismo (religión, lenguaje, arte, etc.) se ven más como trayectorias de un desarrollo cultural que como consecuencia de una innata capacidad biológica producida por específicas mutaciones. Hay que pensar que los cambios conductuales que se aprecian en el inicio de las culturas del Paleolítico superior puedan considerarse como productos emergentes o emergencias conductuales (Renfrew, 2008).

- Psicobiológico. Conocemos que la evolución neurológica tuvo especial relevancia en las áreas asociativas del córtex mediante la acción de los genes reguladores u Hox (heterocronías). Recientemente se ha comprobado que algunos de ellos actúan en la producción de pliegues o girificación del córtex cerebral (Rilling e Insel, 1999; Cela Conde, 2002), como es el caso del gen ARHGAP11B, existente en los Neandertales (HN) y Humanos Anatómicamente Modernos (HAM) (Florio et al. 2015), del gen TRNP1 (Stahl et al. 2013), o del gen SRGAP2 y sus sucesivas mutaciones relacionadas con el desarrollo neocortical y la plasticidad neuronal (Dennis et al. 2012). Sin duda deben de mediar en los factores de trascripción que inician y paran los procesos del desarrollo realizados por otros genes, como sería el caso del control del tiempo de creación de unidades proliferativas en la formación embriológica del córtex (Flórez et al. 1999; Rakic, 1995). Paralelamente, se producen mejores características de interconexión al tener menor densidad neuronal que otras especies de primates (Semendeferi y Damasio, 2000).


Ambas acciones evolutivas ofrecen la posibilidad de un aumento neuronal y funcional con un carácter alométrico y cuantitativo (Florio et al. 2015), es decir, de mayor potencialidad (más neuronas y mayor capacidad de sinapsis), pero poca definición funcional. En este contexto, el aumento cualitativo o funcional del córtex es muy dependiente de las aferencias que reciben del medio ambiente. La plasticidad neuronal (Kandel et al. 1997; Flórez et al. 1999), la muerte neuronal (Petanjek et al. 2011), una mielinización amplia y tardía (Bercury y Macklin, 2015) y la existencia de un periodo crítico (Richards y Schmidt, 2002) son procesos neurológicos que parecen indicar la dependencia de las aferencias que reciba el cerebro del medio ambiente para un adecuado desarrollo cognitivo (Belinchón et al. 1992; Grimshaw et al. 1998; Flórez et al. 1999).

La mayor potencialidad neuronal y sináptica, a partir de las aferencias externas (sensaciones) e internas (recuerdos de memoria, emociones), forman las redes neurales responsables de nuevas formas de conducta (cognición causal).

Características de la relación cognición conducta

La conducta no depende sólo de las capacidades cognitivas que se posean, sino de su propio desarrollo cognitivo, lo que a su vez depende de las características medioambientales (sociales, demográficas, lingüísticas, tecnológicas, simbólicas, etc.). Este modelo psicobiológico, social y evolutivo nos lleva a admitir y explicar una serie de procesos que, sobre la evolución cultural humana, observamos en el registro arqueológico en Europa.

- Las capacidades cognitivas que pueden producir conductas simbólicas, estarían presentes en los grupos humanos del Musteriense y del MSA (tanto HAM como HN con algunas diferencias aún no conocidas), pero sin un medio ambiente adecuado (influenciado por el desarrollo tecnológico, la sociabilidad, demografía, evolución lingüística), no se dieron las condiciones necesarias para su desarrollo y manifestación. Es la explicación del hecho de que los seres humanos tuvieran diferentes desarrollos culturales en el mismo tiempo y en diferentes lugares (evolución cultural en mosaico).

- El desarrollo cognitivo y su manifestación conductual no tienen porqué ser homogéneos ni paralelos en los logros tecnológicos, sociales y simbólicos. El registro arqueológico indica que primero se produjo un avance tecnológico, que favoreció el aumento demográfico y, con posteridad, motivó la producción de elementos simbólicos.

- En el análisis de la conducta de una población en un período determinado, hay que valorar la que ofrecen todos sus componentes en su expansión geográfica y temporal, así como sus características medioambientales.

- Los dos grupos humanos (HN y HAM) son la representación de dos Humanidades diferentes, cada una de ellas con unas capacidades cognitivas específicas, que desde luego hay que intentar describir. No obstante, al tener un indiscutible origen evolutivo común, y por tanto neurológico, se producirían pequeñas variaciones (anatómicas y fisiológicas) sobre determinadas áreas cerebrales. Con ello, se apreciarían diferencias de grado la funcionalidad cognitiva, no la existencia de capacidades cognitivas diferentes. Sería la justificación biológica de las diferencias conductuales existentes entre estas dos poblaciones humanas.

Podemos seguir insistiendo en la total igualdad de las dos poblaciones, pero la realidad arqueológica indica que aunque algunos HN tuvieron una tecnología ósea, simbolismo con adornos, un desarrollo social y logístico importante, todo ello presenta unas características diferentes de las que presentaban los HAM del mismo periodo (dos Humanidades). Pues mientras que en los primeros las facetas culturales más complejas (relacionadas con la conducta simbólica y el desarrollo cognitivo de las capacidades cognitivas que lo posibilitan) fueron limitadas en el tiempo y en el espacio (sólo algunos HN tuvieron con claridad tal conducta), entre los HAM se constata un desarrollo generalizado, homogéneo en su complejidad y en constante evolución.



Conclusiones

En definitiva, la conducta no depende sólo de las capacidades cognitivas que se posean, sino de su propio desarrollo cognitivo, lo que a su vez depende de las características medioambientales (sociales, demográficas, lingüísticas, tecnológicas, simbólicas, etc.). Este medioambiente humano es lo que constituye un nicho cognitivo-conductual donde todos los seres humanos tienen que desarrollarse para lograr las características de su población.
Siempre hay que tener claro que la evolución nos ofrece con nuestro cerebro unas capacidades cognitivas de dos tipos:

- Con cierto carácter innato (capacidades cognitivas primarias): percepción, atención, memoria, algunas emociones, algún nivel de las funciones ejecutivas no bien analizadas.
- Con carácter potencial, es decir, que se desarrollan en función de las características medioambientales en las que se encuentren desde su nacimiento (simbolismo, lenguaje, autoconciencia, emociones autoconscientes, etc.). Su manifestación conductual entraría en lo que se entiende como desarrollo cognitivo o emergente.

* Belinchón, M., Igoa, J. M., Riviére, A., (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Trotta. Madrid.
* Bercury, K. K., Macklin, W. B., (2015): Dynamics and Mechanisms of CNS Myelination. Developmental Cell, 32(4):447-58.
* Cela Conde, C. J. (2002): “La filogénesis de los homínidos”. Diálogo filosófico, 53: 228-258.
* Dennis, M. Y., Nuttle, X., Sudmant, P. H., Antonacci, F., Graves, T. A., Nefedov, M., Eichler, E. E., (2012): Evolution of human-specific neural SRGAP2 genes by incomplete segmental duplication. Cell, 149 (4), 912–922.
* Flórez, J.; García-Porrero, J. A.; Gómez, P.; Izquierdo, J. M.; Jimeno, A. y Gómez, E. (1999): Genes, cultura y mente: una reflexión multidisciplinar sobre la naturaleza humana en la década del cerebro. Santander. Servicio de publicaciones de la Universidad de Cantabria. 
* Florio, M.; Albert, M.; Taverna, E.; Namba, T.; Brandl, H.; Lewitus, E.; Haffner, Ch.; Sykes, A.; Kuan Wong, F.; Peters, J.; Guhr, E.; Klemroth, S.; Prüfer, K.; Kelso, J.; Naumann, R.; Nüsslein, I.; Dahl, A.; Robert Lachmann, Pääbo, S. y Huttner W. B. (2015), “Human-specific gene ARHGAP11B promotes basal progenitor amplification and neocortex expansion”. Science, 347 (6229): 1465-1470.
* Grimshaw, G. M., Adelstein, A., Bryden, M. P., MacKinnon, G. E., (1998): First-language acquisition in adolescence: evidence for a critical period for verbal language development. Brain and Language, 63, 2, 237-255.
* Kandel, E. E.; Schwartz, J. H. y Jessell, T. M. (1997): Neurociencia y conducta. New York. Prentice Hall.
* Petanjek, Z., Judaš, M., Šimić, G., Rašin, M. R., Uylings, H. B. M., Rakic, P., Kostović, I., (2011): Extraordinary neoteny of synaptic spines in the human prefrontal cortex. PNAS, 108(32), 13281–13286.
* Rakic, P. (1995): “Evolution of neocortical parcellation: the perspective from experimental neuroembryology”, in Changeux, J. P. y Chavaillon J. (eds.). Origins of the human brain. Oxford. Clarendon Press. 85-100.
* Richards, J. C., Schmidt, R., (2002): Longman Dictionary of Language Teaching and Applied Linguistics. Longman. London.
* Rilling, J. K. e Insel, T. R. (1999): “The primate neocórtex in comparative perspective using magnetic resonance imaging”. Journal of Human Evolution, 37, 191-223.
* Stahl, R., Walcher, T., De Juan Romero, C., Alexander Pilz; G., Cappello, S., Irmller, M., Sanz-Aquela, J. M., Beckers, J., Blum, R., Borrell, V., Götz, M., (2013): Trnp1 Regulates Expansion and Folding of the Mammalian Cerebral Cortex by Control of Radial Glial Fate. Cell 153, 535–549.

domingo, 7 de enero de 2018

Lenguaje como conducta arqueológica

El inicio y desarrollo del lenguaje es un tema muy controvertido dentro de la Arqueología, pues su estudio siempre ha carecido de un modelo de desarrollo cognitivo que poder aplicar a los fósiles y conducta del género Homo. Analizar hechos y conductas de un claro simbolismo sin una línea argumental (metodología) que nos guie en su producción y desarrollo, la mayoría de las veces solo nos conduce a hipótesis fundamentadas solo en las ideas del que las desarrolla. Tal apreciación ha sido manifestada desde hace mucho tiempo, pero poco se ha realizado en su solución. Dos autores de reconocido prestigio lo indican con diáfana claridad (Cela Conde y Ayala, 2001: 489):   

...cualquier propuesta referente a la filogénesis del lenguaje humano tiene que resignarse a ser por el momento especulativa. Pero cabe intentar, al menos, que la especulación se sujete a las pruebas disponibles y se limite al mínimo imprescindible para ofrecer un modelo coherente de la filogénesis de nuestra competencia lingüística.

En primer problema, y puede que el fundamental, reside en la propia concepción que tenemos tanto del lenguaje humano como del desarrollo cognitivo de nuestro género. Del primero se ha hablado mucho y casi siempre se ha identificado como una capacidad propia de nuestro linaje, mediada por cambios genéticos que lo posibilitaban y proporcionaba la ventaja evolutiva para su expansión biológica. Pero el lenguaje humano es un complejo proceso neurológico, psicológico y social que podría definirse así (Rivera, 2009):

Sería la transmisión voluntaria de todo pensamiento, idea o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información y/o la posibilidad de realizar tareas en común).
  
Si seguimos tal definición vemos que existe una íntima relación entre el pensamiento, lenguaje y conducta. Tal relación es una constante en todos los periodos de nuestra historia, pues cada uno de estos procesos cognitivos nos conduce inexorablemente a establecer una relación con los otros dos. En este sentido, no parece lógico analizar el lenguaje con total independencia, salvo en los asuntos de carácter meramente lingüísticos, donde difícilmente se llegaría a alguna conclusión mínimamente aceptable dentro de tal ámbito. Aunque durante el Paleolítico el nivel de desarrollo de cada uno de ellos fuera elemental, no dejan de tener los mismos patrones de actuación que en la actualidad. Por tanto, estamos obligados, en el estudio sobre el lenguaje en la prehistoria, a tener presente la relación de estos tres procesos cognitivos, pues:



- Hablamos sobre lo que pensamos y hacemos.
- Hacemos lo que pensamos, y de ello hablamos.
- Pensamos sobre lo escuchado (lenguaje), observado y realizado (conducta).

El pensamiento o actividad cognitiva cerebral es siempre el eje principal de todo el proceso, siendo el origen de lo que hacemos y hablamos. La realización del lenguaje, por tener componentes abstractos, depende de los procesos cognitivos más que de las capacidades de fonación (Cela y Ayala, 2001), aunque su simbolización sonora requiere ciertos condicionantes lingüísticos para que sea efectivo.

Estos componentes abstractos son los que nos van a servir para poder analizar el uso y desarrollo del lenguaje en el Paleolítico. Corresponden a dos grupos de abstracciones claves en el lenguaje y la conducta humana.

- El desplazamiento cognitivo que permite la planificación de las acciones a realizar por la sociedad fuera de los límites de la acción que ocurre aquí y ahora. Su desarrollo facilita una mejor organización de la caza, el almacenamiento de comida como medida previsora, conocer cuándo y por dónde pueden transcurrir las manadas o los animales que pueden ser cazados. La realización de estas conductas, basadas en este desplazamiento temporo / espacial, va a constituir una forma de actuar típicamente actual y moderna, suponiendo un enorme avance en la supervivencia de los seres humanos en los ambientes hostiles de la prehistoria.

- La individualidad social y personal. La primera se produce dentro de la población en donde se vive en oposición a otros grupos; mientras que la personal se realiza mediante la toma conciencia de nuestra propia existencia respecto a los demás componentes de la sociedad. El descubrimiento y desarrollo de tales conceptos psicológicos son los que van a facilitar la aparición de una serie de fenómenos con un claro matiz simbólico, como puede ser la religión, el arte, las conductas funerarias plenamente simbólicas, la elaboración de las conductas políticas y sociales complejas y, en definitiva, todo aquello sobre lo que se va a fundamentar nuestro moderno comportamiento. Para poder lograr una conducta claramente marcada por el simbolismo de sus acciones, estos conceptos deben aparecer y desarrollarse con cierta simultaneidad, lo que aparece con claridad desde el inicio del Paleolítico Superior. En definitiva, lo que se produce es un desarrollo de la autoconciencia, concebida como la emergencia cognitiva resultante de la unión de otros procesos cognitivos (autoconciencia y arqueología).

¿Qué tenemos que buscar en el registro arqueológico?

Como es lógico, solamente podemos conocer aquellos aspectos del pensamiento que produzcan una conducta observable en el registro arqueológico, pero al existir una estrecha correspondencia entre estos tres procesos (conducta, pensamiento y lenguaje), al conocer sólo la conducta, las conclusiones de los otros dos (pensamiento y lenguaje) estarían limitadas por los logros alcanzados en el primero. En este sentido, se ha intentado rastrear aquellas conductas que más trascendencia han podido tener para nuestra especie, y que mejor han quedado representadas en los yacimientos. En teoría la respuesta no puede sernos difícil, ya que se limitaría a las conductas que exijan, para su realización, la adquisición social de tales conceptos (individualidad, tiempo y espacio). Su uso, ampliarían notablemente las capacidades de pensamiento, lenguaje y, sin ninguna duda, la conducta de sus poseedores. Sin embargo, esto no quiere decir que en el bagaje conceptual de estos humanos no existieran otras concepciones abstractas, como ya se indicó en el capítulo cuarto (negación, capacidad de mentir, etc.), sino que con los medios actuales es imposible poder apreciar su existencia en la conducta de los humanos de aquella época.

Por tanto, tenemos tres concepciones abstractas que buscar (individualidad social y/o personal, y las conductas con aspectos temporales y espaciales), en los medios donde exista alguna conexión con su producción o consecuencias. Los principales son:


- Estudios del aparato fonológico, que nos indica la posibilidad de poseer, de una forma muy genérica, un lenguaje articulado, aunque no su realización efectiva en la conducta cotidiana.
- Análisis de los endomoldes que nos ofrecen la anatomía cerebral de los homínidos. Nos muestran signos indirectos sobre el aumento de las capacidades cognitivas y neurológicas que pueden dar lugar a esas conductas específicas del ser humano, pero su existencia tampoco nos ofrece seguridad de su realización cognitiva.
- La conducta arqueológica. Nos muestra la producción efectiva de los cambios cognitivos y lingüísticos. Su análisis, por medio de la Arqueología cognitiva, nos facilita la comprensión de tan complejo proceso, pues obliga a relacionar los tres procesos (una base fonológica determinada, una evolución neurológica adecuada y una conducta consecuente) con las particularidades del medio ambiente cultural y físico. Así, el acervo cultural del grupo serviría de base para todo posible desarrollo cultural, limitándolo en función de su propio nivel de desarrollo. Igualmente, las características sociales, demográficas, ambientales y temporales en las que se sitúa la población de ese determinado yacimiento, indicaría las posibles causas o motivación necesaria para la producción tal cambio conductual.

La adquisición de la individualidad

La generación de la conciencia reflexiva o autoconciencia, que posibilita el desarrollo e interiorización del concepto del yo (individualidad personal), sólo es posible si se producen simultáneamente diversos procesos de distinta índole:

- La adquisición evolutiva de las capacidades cognitivas que los sustentan.
- La existencia de una teoría de la mente, es decir, la posesión de cierto conocimiento sobre la existencia de una vida mental semejante a la nuestra en los otros componentes de la sociedad. Es básica en la estructura psicológica del ser humano, tanto en su faceta de individualización personal como en el desarrollo social.
- El concepto de individualidad se produce con la adquisición de la idea de diferencia social o individual entre diversos grupos o componentes de los mismos, aunque no siempre tienen el mismo significado.
- Además, para el desarrollo de la individualidad personal es preciso la existencia de una sociedad con un mínimo de complejidad cultural, tecnológica y social, que facilite la diferenciación personal de sus componentes.

Por tanto, la autoconciencia es una capacidad cognitiva adquirida gracias a las capacidades innatas del cerebro, que se desarrolla por medio de una estimulación externa adecuada durante el periodo crítico de maduración neurológica y, como ya vimos en la primera parte del libro, dentro de un entorno social y cultural idóneo.

La manifestación de su existencia se observa en aquellos elementos arqueológicos que pueden ser representativos de tal cualidad. Surgen con la necesidad de elaboración de un simbolismo diferencial por medio de la elección, socialmente compartida, de unos elementos, utilitarios o no, que van a representar tal diferencia. Los útiles líticos, que no son usados para los fines que se les suponen (herramientas o armas), y por tanto carecen de huellas de uso o las presentan con formas extrañas, pueden ser los receptores de las primeras formas de representación social y/o individual para sus poseedores. Además, si se observa una tendencia de perfección estilística e incluso a presentar tamaños que hacen dudar de su utilidad como herramientas, aumentan más su posibilidad de ser elementos con cierta representación conceptual o simbólica. Como es lógico, los elementos simbólicos más claros serían los adornos y pinturas corporales. Estos, deben de estar relacionados con el cuerpo y ser llevados en lugares bien visibles, pues su fin principal es el de manifestar a los demás su diferente identidad personal o social.

La acción en el tiempo y el espacio

La ordenación de la realidad en el espacio y en el tiempo (desplazamiento) es el otro gran grupo de conceptos abstractos que van a caracterizar al lenguaje moderno. Para una óptima utilización cultural de la realidad viviente es necesario ordenarla, siendo los conceptos del espacio y del tiempo los dos elementos básicos utilizados para describir y ordenar la acción (Elías, 1992: 98; Hernando, 1999). Al usarlos con un sentido abstracto, como si fueran entidades reales que pueden manejarse sin estar presentes los objetos a los que se aplica, la acción deja de estar sujeta a los criterios del aquí y ahora. No son realidades directamente observables en la naturaleza, sino abstracciones que nuestra percepción deduce de la realidad a partir de los hechos observados. Normalmente, sólo es posible apreciar en el registro arqueológico una serie de conductas que han dejado su huella, directa o indirectamente, y que serán las que podamos utilizar para comprender la adquisición y desarrollo de tales conceptos. Su interpretación nos ofrece siempre una visión de la realidad más sencilla de la que debieron de tener sus productores, pues no siempre su conducta era capaz de dejar restos observables. No obstante, al ocurrir por igual en todos los periodos, puede servirnos para comprobar su progresivo aumento en su complejidad conductual y lenguaje.

* El espacio se objetiva con la referencia a objetos fácilmente observables, inmóviles y permanentes, características constantes en el territorio donde se realiza o puede realizarse la acción (Elías, 1992: 98-99; Hernando, 1999). Podemos observar y valorar su uso en las siguientes conductas:
- Utilización de materias primas obtenidas localmente en las áreas de caza y recolección, o fuera de su territorio logístico en lugares lejanos.
- Área de caza y recolección sin ninguna estructuración, o la elaboración de asentamientos ocasionales y estratégicos para un mejor aprovechamiento de la zona.
- Desde un hábitat sin distribución espacial, a la compartimentación del mismo para usos específicos.
- Utilización de los accidentes geográficos (pantanos, precipicios, trampas naturales o elaboradas, etc.), para facilitar la obtención de animales.
- Conocimiento de las migraciones de las manadas de herbívoros, zonas de paso y lugares de abrevadero, para el uso de la caza habitual y estacional.
- Adaptación a ecosistemas de clima más riguroso que la sabana africana.

* El tiempo se realiza con la referencia de sucesos móviles de carácter no humano, pero con un tipo de movimiento recurrente (Elías, 1992: 98-99; Hernando, 1999). Podemos apreciar las siguientes conductas relacionadas con su desarrollo:
- Desde el consumo de la comida o la manufactura del material lítico sólo para ese momento, hasta su utilización en periodos muy posteriores. Destacan cualquier forma de almacenaje, tanto de materias primas para futuras fabricaciones de herramientas como de alimentos de cualquier tipo (cestos, silos, áreas determinadas del hábitat).
- Cualquier tipo de método de conservación de los alimentos (frío, salazón, lugares adecuados, etc.).
- Caza estacional en unión con el concepto espacial.
- Uso de asentamientos ocasionales y estratégicos para una mejor utilización del área, en unión con la idea del espacio.

Niveles evolutivos del lenguaje.

Es posible establecer una evolución temporal del lenguaje en función de la incorporación progresiva de los diversos conceptos simbólicos que se vayan adquiriendo (individualidad social e individual, concepción del tiempo y del espacio). En este sentido, el filósofo Karl R. Popper y el neurofisiólogo y Premio Nobel de Medicina en 1963, John C. Eccles (1993), establecieron cuatro grados de complejidad lingüística en función de los aspectos simbólicos que caracterizan al lenguaje, los cuales se han reestructurado en siete para una mejor exposición de su desarrollo en el tiempo.

I. - Nivel expresivo o sintomático. Se basa en la expresión del estado de ánimo interno, emoción o sensaciones, correspondiendo con voces, gritos, exclamaciones, etc. No existe ningún tipo de individualidad ni desplazamiento.

II. - Nivel desencadenante o de señalización. Donde se intenta por primera vez comunicar algo a otro ser (alarmas, existencia de comida, etc.).

III. - Nivel descriptivo concreto. Básicamente es el uso de un elemental lenguaje en el que se suman las características de los dos anteriores. Un ejemplo de lenguaje con estos dos niveles estaría en las comunidades de primates. Sería sin desplazamiento, alcanzando el concepto del espacio con un grado circunscrito, con cierta idea de territorialidad existente en muchas comunidades de animales, mientras que la acción siempre se realizaría dentro del concepto de lo inmediato. De esta forma de comunicación parece desprenderse cierto inicio de una individualidad social sin elementos simbólicos (los miembros del grupo conocen quién pertenece o no a él, con consecuencias conductuales muy bien definidas).

IV. - Nivel descriptivo con desplazamiento en elaboración. En el cual se pretenden comunicar hechos sociales y personales cada vez más amplios y complejos. Se asocia ya con los primeros indicios del uso complejo del tiempo y del espacio, es decir, desplazamiento en elaboración pero en sus grados más sencillos. Tendríamos un uso del tiempo y del espacio con cierto desarrollo, pero no de forma generalizada. Aunque no exista forma de conocerlo, es muy posible que en este período sea cuando comienza a relacionarse unos sonidos o gestos con una serie de objetos de unas características comunes, que pueden agruparse como ideas abstractas (árbol, piedra, etc.), lo que puede considerarse como el inicio del simbolismo humano, aunque no esté representado. Se mantiene o incrementa el concepto de grupo o individualidad social, aunque aún sin elementos simbólicos que lo represente.

V. - Nivel descriptivo con desplazamiento elaborado. Pueden aparecer con claridad conductas con desplazamiento elaborado (uso abstracto de los conceptos del tiempo y del espacio) al hablar de hechos que no están ocurriendo en ese lugar ni en ese momento, desarrollándose con formas más amplias, aunque tampoco estaría totalmente generalizado.
La manifestación de la individualidad social puede simbolizarse por medio de ciertos adornos y pinturas corporales, aunque no de una forma generalizada. En determinados lugares, donde exista una gran interacción social y estabilización económica, puede iniciarse la individualización personal por parte de algunos elementos del grupo con mayor diferenciación tecnológica o social. Su diferenciación con la social es muy difícil de establecer, sobre todo en los tiempos más primitivos, pues sus señalizaciones tienden a confundirse al ser similares o incluso iguales.

VI. - Nivel argumentativo. Donde se establece la discusión crítica y razonada sobre las vivencias ocurridas, siendo preciso para su realización el desarrollo de la individualidad social y personal con representación simbólica. En este momento el lenguaje y pensamiento trabajan sobre hechos totalmente abstractos y simbólicos, produciéndose el fenómeno del desplazamiento elaborado de una forma generalizada con los grados de amplio en el tiempo y lejano en espacio. También es ahora cuando se desarrollan conceptos de un matiz simbólico y que no tienen presencia real en la naturaleza, tales como los conceptos de religión, arte, magia. etc.

VII. - Nivel argumentativo y metafórico. Se inicia con la aparición de la escritura o las representaciones gráficas del simbolismo del lenguaje. Produce un mayor desarrollo del desplazamiento con posibilidad de llegar a los niveles históricos.



Este sentido evolutivo implica que, durante todo el desarrollo de nuestro linaje, siempre existió una forma de lenguaje, aunque de complejidad muy diferente. Por tanto, al hablar de lenguaje se debe matizar las características del mismo, indicando el nivel lingüístico alcanzado en sus tres componentes básicos.

- CELA CONDE, C. J. y AYALA, F. J. (2001): Senderos de la evolución humana. Alianza. Madrid
- ELÍAS, N. (1992): Time: An Essay. Basil Blackwell. London.
- HERNANDO, A. (1999): Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
- POPPER, K. y ECCLES, J. (1993): El yo y su cerebro. Labor. Barcelona.
- RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. Akal. Madrid

domingo, 26 de noviembre de 2017

Cognición causal y desarrollo tecnológico

El inicio del género Homo se sitúa en África con la aparición de una serie de fósiles relacionados con unas toscas herramientas de piedra; asociación que será la que otorgue la denominación de Homo habilis a los homínidos que fueron capaces de producirlas. El establecimiento de este nuevo género se adquirió mediante unos criterios específicos y únicos, donde las formas culturales tomaron especial fuerza, en la creencia de que sólo nuestro linaje podría crearlos. Su conducta basada en el establecimiento de unos lugares referenciales que van a servir de foco de actividad subsistencial y social, donde van a aportar reiteradamente recursos durante periodos de tiempo no muy amplios, dentro de una actitud denominada como de forrajeo de lugar central, y cuyo procesamiento se realizará con la ayuda de materias primas locales transformadas en los primeros útiles líticos.

La economía del Homo habilis estaría basada en la depredación oportunista (caza y/o carroñeo) y en un forrajeo itinerante, destacando el carácter omnívoro de los Homo. En este contexto, una parte importante de su conducta consistió en el rápido troceamiento de los animales muertos con herramientas ya preparadas, trasladando el botín a lugares específicos de reunión del grupo, donde se repartía entre sus miembros (Domínguez-Rodrigo et al. 2010). Para su adquisición se precisaba un filo cortante (lascas) que los ayudaran a separar la carne con rapidez. Igualmente, para el aprovechamiento de la médula ósea, lo que muchas veces era lo único que podía encontrar, necesitaban un peso o maza consistente y manejable.


En estos ejemplos sobre la presencia de cultura en comunidades actuales de primates no humanos, vemos antecedentes de nuestra cultura social. Si los Australopithecus tenían un mayor desarrollo neurológico que estos primates, es posible que hubieran desarrollado formas conductuales muy parecidas a las atribuidas a los Homo habilis. Así, aparece un nuevo problema teórico, pues una vez relacionado al Homo habilis con la fabricación de herramientas, el hallazgo de restos líticos en periodos más antiguos (hasta 2,5 m. a. donde no hay restos fósiles de los Homo habilis y si de Australopithecus) son atribuidos inmediatamente al género Homo, excluyendo automáticamente a los otros homínidos coetáneos.

Esta conducta, aparentemente relacionada con exclusividad al género Homo, se ha visto más o menos desarrollada en procesos de índole cultural ente otras especies biológicas (Bonner, 1982; De Waal, 1995; Lefebvre, 1995; Parker y Gibson, 1990; Whiten et al. 1999), asumiendo la realidad que diversas especies biológicas puedan tener formas de comportamiento aprendido, donde el origen de tal conducta dependería de alguna forma de aprendizaje cultural, y no fuera sólo originado por las directrices genéticas. Este aspecto adquiere especial interés en las especies que tengan una gran afinidad biológica con la nuestra, pues parecen tener unas características que les permiten alcanzar aspectos importantes de nuestro comportamiento.

Recientemente, se han realizado excavaciones de tipo arqueológico en lugares de hábitat de chimpancés, encontrándose con un comportamiento similar al de los primeros humanos. Los chimpancés recogen grandes piedras de distintos materiales (cuarzo, granito y otras) y las llevan donde crecen los árboles que producen unas nueces (de la especie Panda oleosa). Después de recogerlas las sitúan sobre una raíz de árbol (yunque), que golpean con una piedra (martillo). Este procedimiento es necesario porque estas nueces son muy duras. Un chimpancé puede llegar a abrir 100 nueces en un día, descubriéndose que las crías pueden tardan hasta siete años en aprender esta técnica. Sin embargo, no todos los chimpancés rompen nueces con piedras, pues sólo se ha documentado esta práctica en África occidental (Costa de Marfil, Liberia y Guinea-Conakry), por lo que puede considerarse un comportamiento cultural que permite su utilización para distinguir una población de otra. Igualmente, se ha comprobado que los chimpancés trasladan las piedras (de hasta 15 kilogramos de peso) desde varios centenares de metros a estos lugares donde se utilizan. En estos yacimientos, que sólo tienen 100 años de antigüedad, se han encontrado lascas, que curiosamente son parecidas a las de los primeros yacimientos conocidos de industria lítica de los homínidos. Está claro que los chimpancés producen tales lascas sin intención, porque se producen al golpear las nueces y romperse las piedras. Sin embargo, pudiera ser que esta forma no intencionada de producción de lascas fuera el origen de la tradicional tecnología de los homínidos (Mercader et al., 2002). La búsqueda, importación y uso de estos martillos son claros procesos intencionados, pero la producción de lascas tiene un carácter accidental. No obstante, se parecen a formas humanas en sus más primitivas cadenas operatorias, salvo la intencionalidad de producir y utilizar tales lascas como herramientas. Este ejemplo nos ofrece unos antecedentes culturales en primates no humanos, sobre parte de la compleja conducta de la tecnología lítica que siempre se ha atribuido a nuestro género (buscar piedras adecuadas, transportarlas y utilizarlas). Existe evidencia de que los animales no humanos entienden de algún modo la causalidad del mundo que les rodea (Tomasello y Call, 1997; Hanus y Call 2008).

Cognición causal

La creación de estos útiles se fundamenta en la relación de una acción (cortar) con un hecho físico (filo), ya sea a través de un accidente (corte accidental con piedra partida de forma natural) o aprovechando la existencia de lascas tras utilizar las piedras en otros quehaceres, como romper nueces (Mercader et al. 2002). Sería el resultado de una evolución cognitiva muy importante, que, a su vez, facilitaría nuestra evolución tecnológica y conductual. Su estudio desde la Arqueología cognitiva está muy poco desarrollado, pues existen muy pocos modelos que puedan explicar tal desarrollo cognitivo. Su creación se centra en lo que se conoce como Cognición causal.

La cognición causal puede definirse como la capacidad de conocer y utilizar los procesos naturales de causa-efecto. Es decir, la habilidad cognitiva o mental para relacionar hechos conocidos y poder trasladarlos a otros contextos. Una piedra afilada (lasca desprendida causalmente de una piedra) nos puede producir un corte en la mano o pie. Se establece una relación del filo con el corte y se traslada a otro contexto: cortar carne de un animal muerto para trasladarla mejor y más rápido a otros lugares más seguros  (hogar central). Este proceso cognitivo implica diversas actuaciones cognitivas que actuarían en estrecha coevolución cognitiva. Podemos desarrollar una hipótesis sobre su forma de desarrollo:

- Percepción por medio de nuestros sentidos de los hechos que interaccionan con los seres vivos (piedras, lascas, filos, cortes, etc.).
- Atención selectiva a algunas de las percepciones recibidas, gracias a su importante intensidad (cada sentido tendría sus propias señales de aumento de atención) o asociación con otras sensaciones. La percepción visual del filo quedaría aumentada al producirnos un corte, pues el dolor es uno de los principales promotores de producir una atención selectiva.
- Memorización del proceso. Quedando como algo conocido y que en circunstancias similares nos recuerdan tal causa-efecto.
- Motivación como factor muy importante dentro de la cognición emocional, siempre ligada a la racional.
- Flexibilidad conductual. Sería el aporte cognitivo más importante y menos estudiado del cambio conductual realizado por nuestros primeros antecesores: la posibilidad de cambiar de conducta, pero siempre sobre una base cognitiva que pueda producirla (Percepción-atención selectiva-memorización y motivación). En el inicio del género Homo podría estar relacionado con el aumento de las áreas asociativas del Lóbulo prefrontal, pues es donde se han ubicado el desarrollo de las funciones ejecutivas humanas.

El proceso conlleva varias acciones:
* Aprendizaje asociativo: vinculación de dos elementos arbitrarios que ocurren en estrecha proximidad temporal y espacial (p. e. filo piedra y corte).
* Aprendizaje causal: Explicación de por qué un evento lleva a otro mediante fuerzas mediadoras. Forma en la que captamos las relaciones (atención selectiva de cómo el filo de la piedra nos produce un corte).
* Razonamiento causal: Procesos mediante los cuales usamos esas relaciones para hacer inferencias en otros lugares y situaciones, donde la motivación (miedo a los depredadores) es muy importante.

Conclusiones

Aunque este proceso creativo pueda considerarse como una adaptación a nuevas características medioambientales, su realización es la consecuencia de un complejo desarrollo cognitivo que solo es posible si se dan las circunstancias que lo favorecen (desarrollo neuroevolutivo adecuado, motivación adecuada, nuevos planteamientos subsistenciales de la población, conocimientos de los antecedentes necesarios, etc.). Mediante su actuación de forma coordinada (coevolución cognitiva) se producirían los cambios conductuales vistos en la arqueología, en este caso tecnológicos (útiles líticos) y sociales (forrajeo de lugar central).

Este complejo proceso puede tener otros dos componentes que siempre hay que tener en cuenta: Serendipia y creatividad. La creatividad sería la capacidad de producir nuevas soluciones a problemas determinados en una forma original. Sin embargo, no todos los avances pueden englobarse en esta definición, pues muchas veces éstos se producen de forma fortuita o no intencionada (casualidades, coincidencias o accidentes), cuando se está buscando otra cosa o simplemente ninguna, admitiéndose la importancia del descubrimiento, proceso denominado como serendipia.

Aunque en principio la serendipia y creatividad parecen ser dos hechos independientes, la realidad es que muchas veces actúan al unísono dentro de complejos procesos creativos. La causa es que la serendipia también participa en algunas de las condiciones de la creatividad, como son los conocimientos sobre el tema en estudio o al que se le presta alguna atención, pues hay que darse cuenta de la importancia de la producción y hallazgo casual, para lo que es necesario cierto conocimiento y racionabilidad. Por tanto, al hecho de que la creatividad sea un logro buscado (intencionado o autoconsciente), hay que añadir que en determinados casos (la mayoría en el Paleolítico) puede estar impulsada o favorecida por una o varias formas de serendipias.


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