domingo, 7 de enero de 2018

Lenguaje como conducta arqueológica

El inicio y desarrollo del lenguaje es un tema muy controvertido dentro de la Arqueología, pues su estudio siempre ha carecido de un modelo de desarrollo cognitivo que poder aplicar a los fósiles y conducta del género Homo. Analizar hechos y conductas de un claro simbolismo sin una línea argumental (metodología) que nos guie en su producción y desarrollo, la mayoría de las veces solo nos conduce a hipótesis fundamentadas solo en las ideas del que las desarrolla. Tal apreciación ha sido manifestada desde hace mucho tiempo, pero poco se ha realizado en su solución. Dos autores de reconocido prestigio lo indican con diáfana claridad (Cela Conde y Ayala, 2001: 489):   

...cualquier propuesta referente a la filogénesis del lenguaje humano tiene que resignarse a ser por el momento especulativa. Pero cabe intentar, al menos, que la especulación se sujete a las pruebas disponibles y se limite al mínimo imprescindible para ofrecer un modelo coherente de la filogénesis de nuestra competencia lingüística.

En primer problema, y puede que el fundamental, reside en la propia concepción que tenemos tanto del lenguaje humano como del desarrollo cognitivo de nuestro género. Del primero se ha hablado mucho y casi siempre se ha identificado como una capacidad propia de nuestro linaje, mediada por cambios genéticos que lo posibilitaban y proporcionaba la ventaja evolutiva para su expansión biológica. Pero el lenguaje humano es un complejo proceso neurológico, psicológico y social que podría definirse así (Rivera, 2009):

Sería la transmisión voluntaria de todo pensamiento, idea o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información y/o la posibilidad de realizar tareas en común).
  
Si seguimos tal definición vemos que existe una íntima relación entre el pensamiento, lenguaje y conducta. Tal relación es una constante en todos los periodos de nuestra historia, pues cada uno de estos procesos cognitivos nos conduce inexorablemente a establecer una relación con los otros dos. En este sentido, no parece lógico analizar el lenguaje con total independencia, salvo en los asuntos de carácter meramente lingüísticos, donde difícilmente se llegaría a alguna conclusión mínimamente aceptable dentro de tal ámbito. Aunque durante el Paleolítico el nivel de desarrollo de cada uno de ellos fuera elemental, no dejan de tener los mismos patrones de actuación que en la actualidad. Por tanto, estamos obligados, en el estudio sobre el lenguaje en la prehistoria, a tener presente la relación de estos tres procesos cognitivos, pues:



- Hablamos sobre lo que pensamos y hacemos.
- Hacemos lo que pensamos, y de ello hablamos.
- Pensamos sobre lo escuchado (lenguaje), observado y realizado (conducta).

El pensamiento o actividad cognitiva cerebral es siempre el eje principal de todo el proceso, siendo el origen de lo que hacemos y hablamos. La realización del lenguaje, por tener componentes abstractos, depende de los procesos cognitivos más que de las capacidades de fonación (Cela y Ayala, 2001), aunque su simbolización sonora requiere ciertos condicionantes lingüísticos para que sea efectivo.

Estos componentes abstractos son los que nos van a servir para poder analizar el uso y desarrollo del lenguaje en el Paleolítico. Corresponden a dos grupos de abstracciones claves en el lenguaje y la conducta humana.

- El desplazamiento cognitivo que permite la planificación de las acciones a realizar por la sociedad fuera de los límites de la acción que ocurre aquí y ahora. Su desarrollo facilita una mejor organización de la caza, el almacenamiento de comida como medida previsora, conocer cuándo y por dónde pueden transcurrir las manadas o los animales que pueden ser cazados. La realización de estas conductas, basadas en este desplazamiento temporo / espacial, va a constituir una forma de actuar típicamente actual y moderna, suponiendo un enorme avance en la supervivencia de los seres humanos en los ambientes hostiles de la prehistoria.

- La individualidad social y personal. La primera se produce dentro de la población en donde se vive en oposición a otros grupos; mientras que la personal se realiza mediante la toma conciencia de nuestra propia existencia respecto a los demás componentes de la sociedad. El descubrimiento y desarrollo de tales conceptos psicológicos son los que van a facilitar la aparición de una serie de fenómenos con un claro matiz simbólico, como puede ser la religión, el arte, las conductas funerarias plenamente simbólicas, la elaboración de las conductas políticas y sociales complejas y, en definitiva, todo aquello sobre lo que se va a fundamentar nuestro moderno comportamiento. Para poder lograr una conducta claramente marcada por el simbolismo de sus acciones, estos conceptos deben aparecer y desarrollarse con cierta simultaneidad, lo que aparece con claridad desde el inicio del Paleolítico Superior. En definitiva, lo que se produce es un desarrollo de la autoconciencia, concebida como la emergencia cognitiva resultante de la unión de otros procesos cognitivos (autoconciencia y arqueología).

¿Qué tenemos que buscar en el registro arqueológico?

Como es lógico, solamente podemos conocer aquellos aspectos del pensamiento que produzcan una conducta observable en el registro arqueológico, pero al existir una estrecha correspondencia entre estos tres procesos (conducta, pensamiento y lenguaje), al conocer sólo la conducta, las conclusiones de los otros dos (pensamiento y lenguaje) estarían limitadas por los logros alcanzados en el primero. En este sentido, se ha intentado rastrear aquellas conductas que más trascendencia han podido tener para nuestra especie, y que mejor han quedado representadas en los yacimientos. En teoría la respuesta no puede sernos difícil, ya que se limitaría a las conductas que exijan, para su realización, la adquisición social de tales conceptos (individualidad, tiempo y espacio). Su uso, ampliarían notablemente las capacidades de pensamiento, lenguaje y, sin ninguna duda, la conducta de sus poseedores. Sin embargo, esto no quiere decir que en el bagaje conceptual de estos humanos no existieran otras concepciones abstractas, como ya se indicó en el capítulo cuarto (negación, capacidad de mentir, etc.), sino que con los medios actuales es imposible poder apreciar su existencia en la conducta de los humanos de aquella época.

Por tanto, tenemos tres concepciones abstractas que buscar (individualidad social y/o personal, y las conductas con aspectos temporales y espaciales), en los medios donde exista alguna conexión con su producción o consecuencias. Los principales son:


- Estudios del aparato fonológico, que nos indica la posibilidad de poseer, de una forma muy genérica, un lenguaje articulado, aunque no su realización efectiva en la conducta cotidiana.
- Análisis de los endomoldes que nos ofrecen la anatomía cerebral de los homínidos. Nos muestran signos indirectos sobre el aumento de las capacidades cognitivas y neurológicas que pueden dar lugar a esas conductas específicas del ser humano, pero su existencia tampoco nos ofrece seguridad de su realización cognitiva.
- La conducta arqueológica. Nos muestra la producción efectiva de los cambios cognitivos y lingüísticos. Su análisis, por medio de la Arqueología cognitiva, nos facilita la comprensión de tan complejo proceso, pues obliga a relacionar los tres procesos (una base fonológica determinada, una evolución neurológica adecuada y una conducta consecuente) con las particularidades del medio ambiente cultural y físico. Así, el acervo cultural del grupo serviría de base para todo posible desarrollo cultural, limitándolo en función de su propio nivel de desarrollo. Igualmente, las características sociales, demográficas, ambientales y temporales en las que se sitúa la población de ese determinado yacimiento, indicaría las posibles causas o motivación necesaria para la producción tal cambio conductual.

La adquisición de la individualidad

La generación de la conciencia reflexiva o autoconciencia, que posibilita el desarrollo e interiorización del concepto del yo (individualidad personal), sólo es posible si se producen simultáneamente diversos procesos de distinta índole:

- La adquisición evolutiva de las capacidades cognitivas que los sustentan.
- La existencia de una teoría de la mente, es decir, la posesión de cierto conocimiento sobre la existencia de una vida mental semejante a la nuestra en los otros componentes de la sociedad. Es básica en la estructura psicológica del ser humano, tanto en su faceta de individualización personal como en el desarrollo social.
- El concepto de individualidad se produce con la adquisición de la idea de diferencia social o individual entre diversos grupos o componentes de los mismos, aunque no siempre tienen el mismo significado.
- Además, para el desarrollo de la individualidad personal es preciso la existencia de una sociedad con un mínimo de complejidad cultural, tecnológica y social, que facilite la diferenciación personal de sus componentes.

Por tanto, la autoconciencia es una capacidad cognitiva adquirida gracias a las capacidades innatas del cerebro, que se desarrolla por medio de una estimulación externa adecuada durante el periodo crítico de maduración neurológica y, como ya vimos en la primera parte del libro, dentro de un entorno social y cultural idóneo.

La manifestación de su existencia se observa en aquellos elementos arqueológicos que pueden ser representativos de tal cualidad. Surgen con la necesidad de elaboración de un simbolismo diferencial por medio de la elección, socialmente compartida, de unos elementos, utilitarios o no, que van a representar tal diferencia. Los útiles líticos, que no son usados para los fines que se les suponen (herramientas o armas), y por tanto carecen de huellas de uso o las presentan con formas extrañas, pueden ser los receptores de las primeras formas de representación social y/o individual para sus poseedores. Además, si se observa una tendencia de perfección estilística e incluso a presentar tamaños que hacen dudar de su utilidad como herramientas, aumentan más su posibilidad de ser elementos con cierta representación conceptual o simbólica. Como es lógico, los elementos simbólicos más claros serían los adornos y pinturas corporales. Estos, deben de estar relacionados con el cuerpo y ser llevados en lugares bien visibles, pues su fin principal es el de manifestar a los demás su diferente identidad personal o social.

La acción en el tiempo y el espacio

La ordenación de la realidad en el espacio y en el tiempo (desplazamiento) es el otro gran grupo de conceptos abstractos que van a caracterizar al lenguaje moderno. Para una óptima utilización cultural de la realidad viviente es necesario ordenarla, siendo los conceptos del espacio y del tiempo los dos elementos básicos utilizados para describir y ordenar la acción (Elías, 1992: 98; Hernando, 1999). Al usarlos con un sentido abstracto, como si fueran entidades reales que pueden manejarse sin estar presentes los objetos a los que se aplica, la acción deja de estar sujeta a los criterios del aquí y ahora. No son realidades directamente observables en la naturaleza, sino abstracciones que nuestra percepción deduce de la realidad a partir de los hechos observados. Normalmente, sólo es posible apreciar en el registro arqueológico una serie de conductas que han dejado su huella, directa o indirectamente, y que serán las que podamos utilizar para comprender la adquisición y desarrollo de tales conceptos. Su interpretación nos ofrece siempre una visión de la realidad más sencilla de la que debieron de tener sus productores, pues no siempre su conducta era capaz de dejar restos observables. No obstante, al ocurrir por igual en todos los periodos, puede servirnos para comprobar su progresivo aumento en su complejidad conductual y lenguaje.

* El espacio se objetiva con la referencia a objetos fácilmente observables, inmóviles y permanentes, características constantes en el territorio donde se realiza o puede realizarse la acción (Elías, 1992: 98-99; Hernando, 1999). Podemos observar y valorar su uso en las siguientes conductas:
- Utilización de materias primas obtenidas localmente en las áreas de caza y recolección, o fuera de su territorio logístico en lugares lejanos.
- Área de caza y recolección sin ninguna estructuración, o la elaboración de asentamientos ocasionales y estratégicos para un mejor aprovechamiento de la zona.
- Desde un hábitat sin distribución espacial, a la compartimentación del mismo para usos específicos.
- Utilización de los accidentes geográficos (pantanos, precipicios, trampas naturales o elaboradas, etc.), para facilitar la obtención de animales.
- Conocimiento de las migraciones de las manadas de herbívoros, zonas de paso y lugares de abrevadero, para el uso de la caza habitual y estacional.
- Adaptación a ecosistemas de clima más riguroso que la sabana africana.

* El tiempo se realiza con la referencia de sucesos móviles de carácter no humano, pero con un tipo de movimiento recurrente (Elías, 1992: 98-99; Hernando, 1999). Podemos apreciar las siguientes conductas relacionadas con su desarrollo:
- Desde el consumo de la comida o la manufactura del material lítico sólo para ese momento, hasta su utilización en periodos muy posteriores. Destacan cualquier forma de almacenaje, tanto de materias primas para futuras fabricaciones de herramientas como de alimentos de cualquier tipo (cestos, silos, áreas determinadas del hábitat).
- Cualquier tipo de método de conservación de los alimentos (frío, salazón, lugares adecuados, etc.).
- Caza estacional en unión con el concepto espacial.
- Uso de asentamientos ocasionales y estratégicos para una mejor utilización del área, en unión con la idea del espacio.

Niveles evolutivos del lenguaje.

Es posible establecer una evolución temporal del lenguaje en función de la incorporación progresiva de los diversos conceptos simbólicos que se vayan adquiriendo (individualidad social e individual, concepción del tiempo y del espacio). En este sentido, el filósofo Karl R. Popper y el neurofisiólogo y Premio Nobel de Medicina en 1963, John C. Eccles (1993), establecieron cuatro grados de complejidad lingüística en función de los aspectos simbólicos que caracterizan al lenguaje, los cuales se han reestructurado en siete para una mejor exposición de su desarrollo en el tiempo.

I. - Nivel expresivo o sintomático. Se basa en la expresión del estado de ánimo interno, emoción o sensaciones, correspondiendo con voces, gritos, exclamaciones, etc. No existe ningún tipo de individualidad ni desplazamiento.

II. - Nivel desencadenante o de señalización. Donde se intenta por primera vez comunicar algo a otro ser (alarmas, existencia de comida, etc.).

III. - Nivel descriptivo concreto. Básicamente es el uso de un elemental lenguaje en el que se suman las características de los dos anteriores. Un ejemplo de lenguaje con estos dos niveles estaría en las comunidades de primates. Sería sin desplazamiento, alcanzando el concepto del espacio con un grado circunscrito, con cierta idea de territorialidad existente en muchas comunidades de animales, mientras que la acción siempre se realizaría dentro del concepto de lo inmediato. De esta forma de comunicación parece desprenderse cierto inicio de una individualidad social sin elementos simbólicos (los miembros del grupo conocen quién pertenece o no a él, con consecuencias conductuales muy bien definidas).

IV. - Nivel descriptivo con desplazamiento en elaboración. En el cual se pretenden comunicar hechos sociales y personales cada vez más amplios y complejos. Se asocia ya con los primeros indicios del uso complejo del tiempo y del espacio, es decir, desplazamiento en elaboración pero en sus grados más sencillos. Tendríamos un uso del tiempo y del espacio con cierto desarrollo, pero no de forma generalizada. Aunque no exista forma de conocerlo, es muy posible que en este período sea cuando comienza a relacionarse unos sonidos o gestos con una serie de objetos de unas características comunes, que pueden agruparse como ideas abstractas (árbol, piedra, etc.), lo que puede considerarse como el inicio del simbolismo humano, aunque no esté representado. Se mantiene o incrementa el concepto de grupo o individualidad social, aunque aún sin elementos simbólicos que lo represente.

V. - Nivel descriptivo con desplazamiento elaborado. Pueden aparecer con claridad conductas con desplazamiento elaborado (uso abstracto de los conceptos del tiempo y del espacio) al hablar de hechos que no están ocurriendo en ese lugar ni en ese momento, desarrollándose con formas más amplias, aunque tampoco estaría totalmente generalizado.
La manifestación de la individualidad social puede simbolizarse por medio de ciertos adornos y pinturas corporales, aunque no de una forma generalizada. En determinados lugares, donde exista una gran interacción social y estabilización económica, puede iniciarse la individualización personal por parte de algunos elementos del grupo con mayor diferenciación tecnológica o social. Su diferenciación con la social es muy difícil de establecer, sobre todo en los tiempos más primitivos, pues sus señalizaciones tienden a confundirse al ser similares o incluso iguales.

VI. - Nivel argumentativo. Donde se establece la discusión crítica y razonada sobre las vivencias ocurridas, siendo preciso para su realización el desarrollo de la individualidad social y personal con representación simbólica. En este momento el lenguaje y pensamiento trabajan sobre hechos totalmente abstractos y simbólicos, produciéndose el fenómeno del desplazamiento elaborado de una forma generalizada con los grados de amplio en el tiempo y lejano en espacio. También es ahora cuando se desarrollan conceptos de un matiz simbólico y que no tienen presencia real en la naturaleza, tales como los conceptos de religión, arte, magia. etc.

VII. - Nivel argumentativo y metafórico. Se inicia con la aparición de la escritura o las representaciones gráficas del simbolismo del lenguaje. Produce un mayor desarrollo del desplazamiento con posibilidad de llegar a los niveles históricos.



Este sentido evolutivo implica que, durante todo el desarrollo de nuestro linaje, siempre existió una forma de lenguaje, aunque de complejidad muy diferente. Por tanto, al hablar de lenguaje se debe matizar las características del mismo, indicando el nivel lingüístico alcanzado en sus tres componentes básicos.

- CELA CONDE, C. J. y AYALA, F. J. (2001): Senderos de la evolución humana. Alianza. Madrid
- ELÍAS, N. (1992): Time: An Essay. Basil Blackwell. London.
- HERNANDO, A. (1999): Percepción de la realidad y Prehistoria, relación entre la construcción de la identidad y la complejidad socio-económica en los grupos humanos. Trabajos de Prehistoria, 56 (2): 19-35.
- POPPER, K. y ECCLES, J. (1993): El yo y su cerebro. Labor. Barcelona.
- RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. Akal. Madrid

domingo, 26 de noviembre de 2017

Cognición causal y desarrollo tecnológico

El inicio del género Homo se sitúa en África con la aparición de una serie de fósiles relacionados con unas toscas herramientas de piedra; asociación que será la que otorgue la denominación de Homo habilis a los homínidos que fueron capaces de producirlas. El establecimiento de este nuevo género se adquirió mediante unos criterios específicos y únicos, donde las formas culturales tomaron especial fuerza, en la creencia de que sólo nuestro linaje podría crearlos. Su conducta basada en el establecimiento de unos lugares referenciales que van a servir de foco de actividad subsistencial y social, donde van a aportar reiteradamente recursos durante periodos de tiempo no muy amplios, dentro de una actitud denominada como de forrajeo de lugar central, y cuyo procesamiento se realizará con la ayuda de materias primas locales transformadas en los primeros útiles líticos.

La economía del Homo habilis estaría basada en la depredación oportunista (caza y/o carroñeo) y en un forrajeo itinerante, destacando el carácter omnívoro de los Homo. En este contexto, una parte importante de su conducta consistió en el rápido troceamiento de los animales muertos con herramientas ya preparadas, trasladando el botín a lugares específicos de reunión del grupo, donde se repartía entre sus miembros (Domínguez-Rodrigo et al. 2010). Para su adquisición se precisaba un filo cortante (lascas) que los ayudaran a separar la carne con rapidez. Igualmente, para el aprovechamiento de la médula ósea, lo que muchas veces era lo único que podía encontrar, necesitaban un peso o maza consistente y manejable.

Esta conducta, aparentemente relacionada con exclusividad al género Homo, se ha visto más o menos desarrollada en procesos de índole cultural ente otras especies biológicas (Bonner, 1982; De Waal, 1995; Lefebvre, 1995; Parker y Gibson, 1990; Whiten et al. 1999), asumiendo la realidad que diversas especies biológicas puedan tener formas de comportamiento aprendido, donde el origen de tal conducta dependería de alguna forma de aprendizaje cultural, y no fuera sólo originado por las directrices genéticas. Este aspecto adquiere especial interés en las especies que tengan una gran afinidad biológica con la nuestra, pues parecen tener unas características que les permiten alcanzar aspectos importantes de nuestro comportamiento.

Recientemente, se han realizado excavaciones de tipo arqueológico en lugares de hábitat de chimpancés, encontrándose con un comportamiento similar al de los primeros humanos. Los chimpancés recogen grandes piedras de distintos materiales (cuarzo, granito y otras) y las llevan donde crecen los árboles que producen unas nueces (de la especie Panda oleosa). Después de recogerlas las sitúan sobre una raíz de árbol (yunque), que golpean con una piedra (martillo). Este procedimiento es necesario porque estas nueces son muy duras. Un chimpancé puede llegar a abrir 100 nueces en un día, descubriéndose que las crías pueden tardan hasta siete años en aprender esta técnica. Sin embargo, no todos los chimpancés rompen nueces con piedras, pues sólo se ha documentado esta práctica en África occidental (Costa de Marfil, Liberia y Guinea-Conakry), por lo que puede considerarse un comportamiento cultural que permite su utilización para distinguir una población de otra. Igualmente, se ha comprobado que los chimpancés trasladan las piedras (de hasta 15 kilogramos de peso) desde varios centenares de metros a estos lugares donde se utilizan. En estos yacimientos, que sólo tienen 100 años de antigüedad, se han encontrado lascas, que curiosamente son parecidas a las de los primeros yacimientos conocidos de industria lítica de los homínidos. Está claro que los chimpancés producen tales lascas sin intención, porque se producen al golpear las nueces y romperse las piedras. Sin embargo, pudiera ser que esta forma no intencionada de producción de lascas fuera el origen de la tradicional tecnología de los homínidos (Mercader et al., 2002). La búsqueda, importación y uso de estos martillos son claros procesos intencionados, pero la producción de lascas tiene un carácter accidental. No obstante, se parecen a formas humanas en sus más primitivas cadenas operatorias, salvo la intencionalidad de producir y utilizar tales lascas como herramientas. Este ejemplo nos ofrece unos antecedentes culturales en primates no humanos, sobre parte de la compleja conducta de la tecnología lítica que siempre se ha atribuido a nuestro género (buscar piedras adecuadas, transportarlas y utilizarlas). Existe evidencia de que los animales no humanos entienden de algún modo la causalidad del mundo que les rodea (Tomasello y Call, 1997; Hanus y Call 2008).

En estos ejemplos sobre la presencia de cultura en comunidades actuales de primates no humanos, vemos antecedentes de nuestra cultura social. Si los Australopithecus tenían un mayor desarrollo neurológico que estos primates, es posible que hubieran desarrollado formas conductuales muy parecidas a las atribuidas a los Homo habilis. Así, aparece un nuevo problema teórico, pues una vez relacionado al Homo habilis con la fabricación de herramientas, el hallazgo de restos líticos en periodos más antiguos (hasta 2,5 m. a. donde no hay restos fósiles de los Homo habilis y si de Australopithecus) son atribuidos inmediatamente al género Homo, excluyendo automáticamente a los otros homínidos coetáneos.

Cognición causal

La creación de estos útiles se fundamenta en la relación de una acción (cortar) con un hecho físico (filo), ya sea a través de un accidente (corte accidental con piedra partida de forma natural) o aprovechando la existencia de lascas tras utilizar las piedras en otros quehaceres, como romper nueces (Mercader et al. 2002). Sería el resultado de una evolución cognitiva muy importante, que, a su vez, facilitaría nuestra evolución tecnológica y conductual. Su estudio desde la Arqueología cognitiva está muy poco desarrollado, pues existen muy pocos modelos que puedan explicar tal desarrollo cognitivo. Su creación se centra en lo que se conoce como Cognición causal.

La cognición causal puede definirse como la capacidad de conocer y utilizar los procesos naturales de causa-efecto. Es decir, la habilidad cognitiva o mental para relacionar hechos conocidos y poder trasladarlos a otros contextos. Una piedra afilada (lasca desprendida causalmente de una piedra) nos puede producir un corte en la mano o pie. Se establece una relación del filo con el corte y se traslada a otro contexto: cortar carne de un animal muerto para trasladarla mejor y más rápido a otros lugares más seguros  (hogar central). Este proceso cognitivo implica diversas actuaciones cognitivas que actuarían en estrecha coevolución cognitiva. Podemos desarrollar una hipótesis sobre su forma de desarrollo:

- Percepción por medio de nuestros sentidos de los hechos que interaccionan con los seres vivos (piedras, lascas, filos, cortes, etc.).
- Atención selectiva a algunas de las percepciones recibidas, gracias a su importante intensidad (cada sentido tendría sus propias señales de aumento de atención) o asociación con otras sensaciones. La percepción visual del filo quedaría aumentada al producirnos un corte, pues el dolor es uno de los principales promotores de producir una atención selectiva.
- Memorización del proceso. Quedando como algo conocido y que en circunstancias similares nos recuerdan tal causa-efecto.
- Motivación como factor muy importante dentro de la cognición emocional, siempre ligada a la racional.
- Flexibilidad conductual. Sería el aporte cognitivo más importante y menos estudiado del cambio conductual realizado por nuestros primeros antecesores: la posibilidad de cambiar de conducta, pero siempre sobre una base cognitiva que pueda producirla (Percepción-atención selectiva-memorización y motivación). En el inicio del género Homo podría estar relacionado con el aumento de las áreas asociativas del Lóbulo prefrontal, pues es donde se han ubicado el desarrollo de las funciones ejecutivas humanas.

El proceso conlleva varias acciones:
* Aprendizaje asociativo: vinculación de dos elementos arbitrarios que ocurren en estrecha proximidad temporal y espacial (p. e. filo piedra y corte).
* Aprendizaje causal: Explicación de por qué un evento lleva a otro mediante fuerzas mediadoras. Forma en la que captamos las relaciones (atención selectiva de cómo el filo de la piedra nos produce un corte).
* Razonamiento causal: Procesos mediante los cuales usamos esas relaciones para hacer inferencias en otros lugares y situaciones, donde la motivación (miedo a los depredadores) es muy importante.

Conclusiones

Aunque este proceso creativo pueda considerarse como una adaptación a nuevas características medioambientales, su realización es la consecuencia de un complejo desarrollo cognitivo que solo es posible si se dan las circunstancias que lo favorecen (desarrollo neuroevolutivo adecuado, motivación adecuada, nuevos planteamientos subsistenciales de la población, conocimientos de los antecedentes necesarios, etc.). Mediante su actuación de forma coordinada (coevolución cognitiva) se producirían los cambios conductuales vistos en la arqueología, en este caso tecnológicos (útiles líticos) y sociales (forrajeo de lugar central).

Este complejo proceso puede tener otros dos componentes que siempre hay que tener en cuenta: Serendipia y creatividad. La creatividad sería la capacidad de producir nuevas soluciones a problemas determinados en una forma original. Sin embargo, no todos los avances pueden englobarse en esta definición, pues muchas veces éstos se producen de forma fortuita o no intencionada (casualidades, coincidencias o accidentes), cuando se está buscando otra cosa o simplemente ninguna, admitiéndose la importancia del descubrimiento, proceso denominado como serendipia.


Aunque en principio la serendipia y creatividad parecen ser dos hechos independientes, la realidad es que muchas veces actúan al unísono dentro de complejos procesos creativos. La causa es que la serendipia también participa en algunas de las condiciones de la creatividad, como son los conocimientos sobre el tema en estudio o al que se le presta alguna atención, pues hay que darse cuenta de la importancia de la producción y hallazgo casual, para lo que es necesario cierto conocimiento y racionabilidad. Por tanto, al hecho de que la creatividad sea un logro buscado (intencionado o autoconsciente), hay que añadir que en determinados casos (la mayoría en el Paleolítico) puede estar impulsada o favorecida por una o varias formas de serendipias.
- Bonner, J. (1982): La evolución de la cultura en los animales. AU. 345. Alianza. Madrid.   
- De Waal, F. B. M. (1995): Vida social de los bonobos. Investigación y Ciencia, 224: 52-59. 
- Domínguez-Rodrigo, M., Bunn, M., Mabulla, H. T., Baquedano, E., & Pickering, T. R. (2010): “Paleoecology and hominin behavior during Bed I at Olduvai George (Tanzania)”. Quaterly Research, 74(3), 301–303. 

- Hanus, D. and Call, J. (2008): Chimpanzees infer the location of a reward on the basis of the effect of its weight. Curr Biol 18:R370–R372
- Lefebvre, L. (1995): Culturally-transmitted feeding behaviour in primates: Evidence for accelerated learning rates. Primates, 36: 227-239. 
- Mercader, J.; Panger, M. & Boesch, C. (2002): “Excavation of a chimpanzee stone tool site in the African rainforest”. Science, 296: 1452-1455.
- Tomasello, M., and J. Call. (1997): Primate Cognition. Oxford: Oxford University Press.
- Parker, S. T. y Gibson, K. T. (1990): Language and intelligence in monkeys and apes. Cambridge, University Press.
- WHITEN, A.; GOODALL, J.; MCGREW, W. C.; NISHIDA, T.; REYNOLDS, V.; SUGIYAMA, Y.; TUTIN, C. E.; WRANGHAM, R. W. y BOESCH, C. (1999): Chimpanzee cultures. Nature, 399: 682-685.

domingo, 29 de octubre de 2017

La necesidad de la Arqueología cognitiva

Enterramiento Neandertal Chapelle Aux-Saints (Francia)
La Arqueología, como todas las ciencias, en su lejano origen anterior al siglo XX partió de un enorme desconocimiento del significado de muchas de los objetos y conductas que se iban encontrando en los diversos yacimientos de la época. Los primeros historiadores y/o arqueólogos intentaron crear una disciplina que con sus propios contenidos teóricos se pudiera avanzar en el entendimiento de la evolución conductual del género Homo. Realmente hicieron lo mismo que todas las demás ciencias, crear metodologías de estudio exclusivas a cada ciencia. Esta situación tubo una doble consecuencia de signo opuesto, pues con la propia parcelación del tema a estudiar se pudo avanzar notablemente en todas las ciencias (por supuesto incluida la Arqueología). Sin embargo, se perdió en gran parte la integración científica en aras de estos desarrollos doctrinales, al producirse importantes ausencias de comunicación entre ellos. Es decir, la Ciencia avanzó en gran medida, pero con grande dosis de individualidad metodológica que hicieron perder la noción del bosque (la naturaleza integral del ser humano en todas sus facetas), que debería de ser la reunión de los diversos árboles (Arqueología, Biología evolutiva, Psicobiología, Neurología, Paleoantropología social, Lingüística, Genética, Demografía, Paleontología, etc.).

No obstante, ya desde sus primeros estudios arqueológicos se adquirió la necesidad y el interés por avanzar en todos los campos posibles, obligando a realizar diversas intromisiones en otras ciencias que también trataban sobre tales problemas, aunque fuera con otro punto de vista o solo de una forma aparentemente tangencial. Los estudios multidisciplinares siempre han tenido cierto desarrollo, pero muchas veces se ha realizado como para fundamentar problemas concretos y limitados. Es decir, se utilizaba cierta teoría u orientación metodológica de otras ciencias para reafirmar nuestro trabajo, muchas veces sin conocer a fondo el nivel de incertidumbre que tal teoría podía contener o su fundamento teórico. Si ha habido una parcela científica que más ha sufrido estas circunstancias, sin duda ha sido las llamadas ciencias sociales, entre otras cosas por la gran dificultad que su desarrollo conllevan.

Por otro lado, los científicos solo pueden utilizar los conocimientos propios de su época y que mayoritariamente utiliza la disciplina en la que se han formado. En este contexto, aparece lo que se llama deformación profesional, proceso socio-académico que afecta a la mayoría de los componentes de cualquier disciplina. Así, se ven los problemas a tratar desde un punto muy semejante, tanto en la exposición de los problemas como en la forma de poder estudiarlos. Muchos avances teóricos han surgido de gente que ha querido romper estas tendencias y ha elaborado nuevos caminos, lo que ni es fácil ni está al alcance de todos.

Así, conocemos dos hechos que muchas veces van juntos: la necesidad de una interdisciplina teórica que supere la simple multidisciplina; y cierta tendencia a romper los moldes académicos establecidos. La interdisciplina o la observación y aceptación de los que dicen otras ciencias o científicos es un proceso que muchos teóricos han resaltado desde hace muchos años. Un ejemplo lo tenemos en las palabras del Dr. Gregorio Marañón escritas en el prologo de un libro ya en 1952:

Los hallazgos definitivos no han surgido de una verdad nueva, sino de una ordenación racional de una serie de verdades conocidas y dispersas: racional o causal, porque en este juego de estructuración de datos no sistematizados ocurre como en la solución de los rompecabezas, que unas veces surge del ingenio y otras del puro azar. Lo que no puede faltar nunca es la atención. La atención es en la Ciencia lo que la luz en el cuarto oscuro, que de repente se ilumina y parece que crea lo que, sin embargo, estaba allí y no alcanzábamos a ver.

La cita del Dr. Marañón expresa una realidad que muchas veces no es tenida en cuenta con su verdadera trascendencia. Si seguimos su consejo, tras haber leído numerosa información relativa a diversas ciencias que estudian al ser humano desde puntos de vista diferentes, es el momento de prestar la atención debida a cada una de ellas, con el propósito de analizar su interconexión e intentar agruparlos en un proyecto común. Es decir de elaborar síntesis interdisciplinarias en todos los aspectos que conciernen a su estudio. Por mucho que sean diferentes en sus respectivos enfoques, debe existir un común punto de encuentro, pues no hay que olvidar todas ellas tienen como fin principal al ser humano y a sus manifestaciones socioculturales. Un mismo fin, aunque visto desde parcelas teóricas diferentes. Si en esta confluencia de intereses se apreciasen importantes contradicciones, habría que pensar que alguna determinada teoría, de las disciplinas usadas en estos asuntos, pudiera no ser correcta, pues en la explicación de la realidad humana no pueden coexistir conceptos claramente antagónicos. Tal vez el problema radica en la falta de puntos de enlace, que puedan articular tal disparidad de información.
 
Charles Darwin (1809-1882)
Articulación de datos y coordinación de todas las ciencias que traten del problema, es fácil de decir y muy complejo de resolver. Quizás este sea el verdadero éxito de Darwin cuando realizó su teoría de la evolución. El inicio de tal andadura científica tuvo sus raíces en diversos autores del siglo XVIII, aunque el arranque definitivo se logró con la publicación de El origen de las especies en 1859 por Charles Darwin (1809-1882), donde pudo explicar su teoría sobre el origen de las diferentes especies que conocemos. En el ambiente cultural de su época ya existían ideas semejantes que intentaban explicar el origen y diversificación de las especies de seres vivos, por medios diferentes a los que la religión hegemónicamente había mantenido durante siglos. Tal es el caso del conde de Bufón, Georges Louis Leclerc (1707-1788); del propio abuelo de Darwin, el médico Erasmus Darwin (1731-1802), y del caballero de Lamarck, Jean-Baptiste-Pierre-Antoine de Monet (1744-1829). Estos autores, junto con otros menos conocidos, crearon una atmósfera científica que favorecía el conocimiento y el desarrollo de estas nuevas vías explicativas sobre la realidad viviente.

La teoría de la evolución rompió el estancamiento científico que presidía su entorno, siendo el comienzo de una nueva y mejor forma de comprender la propia existencia biológica, que de otra manera sería imposible conocer. Las elocuentes ideas de Darwin estaban en su origen limitadas por el precario desarrollo científico de su tiempo, pues todas sus conclusiones debían adecuarse a los datos que en ese momento tenía a su alcance. La escasez de conocimientos sobre genética y desarrollo embrionario, tenían que limitar forzosamente sus deducciones sobre la forma de producción del cambio morfológico, presentando a la selección natural como la principal guía de los cambios anatómicos que se fueran produciendo. Con estas circunstancias desarrolló su axioma más característico o que más fama ha tenido: La supervivencia del mejor adaptado o menos malo. No obstante, admite que existen otros factores en la modificación de las especies (Darwin, 1988), los cuales pueden dar lugar a cambios poco adaptativos. Estos conceptos antagónicos los complementa mediante la idea de que los seres vivos se consideren como sistemas integrales, por lo que una modificación adaptativa puede producir otra no adaptativa por sí sola, pero compensada por la adaptabilidad global del ser vivo. Igualmente, un órgano seleccionado para una función determinada, puede realizar otras funciones para las que no fue seleccionado. Tal proceso, fundamental en la evolución humana, es conocido con el nombre de exaptación.

Sin duda, su trabajo tuvo un amplio carácter interdisciplinario (Biología, Geografía, Demografía, Geología, etc.) como no podía ser de otra manera, limitado por las condiciones teóricas de la ciencia en su época. Su gran merito científico es que supo coordinar todos los datos que se conocían, que obtuvo con su propia experiencia del largo viaje en el HMS Beagle, y realizar una teoría coherente con toda la información (interdisciplinaria) que superaba todas las conocidas hasta entonces.


Origen de la Arqueología cognitiva

Todos estaremos de acuerdo de que el fin primordial de la Prehistoria, Arqueología y Paleoantropología es el estudio de la conducta del género Homo. Donde no estaremos tan de acuerdo es en la forma en que hay que realizar este interés común. Los aspectos generales de toda conducta humana y por tanto, las líneas de análisis de tal conducta deben agruparse en cinco apartados: en qué consiste, cuándo se creó, dónde tuvo lugar su inicio y desarrollo, porqué apareció en ese lugar y momento, y cómo se crearon.

De tales cuestiones las tres primeras son las que más ampliamente se ha ocupado el trabajo arqueológico desde su inicio. Prueba de ello es el amplio conocimiento (aunque limitado en numerosos aspectos) que tenemos de las diferentes culturas prehistóricas, lo que nos permite tener un mínimo conocimiento de tan lejanos tiempos. Su manifestación cultural queda reflejada en la gran cantidad de útiles (líticos, óseos, cerámicos, metálicos, etc.) y conductas (cazadores-recolectores, agricultores, ganaderos, metalúrgicos, etc.) que variaran según sean los periodos de estudio. Se sitúan cronológicamente en unos anagramas temporales que cada vez son más exactos, gracias a la constante mejora de los medios de datación actuales. Igualmente, se describen posibles áreas de inicio, de expansión, de influencia, e incluso de regresión de tales culturas. Toda esta información constituye un registro arqueológico enorme, dando la impresión de tener un importante conocimiento sobre el inicio de la Humanidad.

Pero la apreciación de un proceso es una cosa y, por desgracia, la realidad de su conocimiento otra. De todo este inmenso acumulo de información los aspectos del cómo y porqué apenas han iniciado su andadura. En este punto, es cuando hay que indicar la existencia de cierto desajuste metodológico, relacionado con los contenidos históricos y académicos de la Prehistoria, que dificulta el desarrollo de estos aspectos analíticos.

- Históricos, pues cuando se inició el estudio de la Prehistoria se realizó en un momento en el que las ciencias encargadas de analizar el cómo y el porqué la conducta humana (Neurología y Psicología) estaban poco desarrolladas, teniendo metas propias y diferentes a las de estos incipientes estudios prehistóricos.
- Académicos, pues la parcelación académica siempre ha sido una realidad que ha dificultado la creación de estudios interdisciplinarios y transdisciplinarios, los cuales con un adecuado y extensivo uso facilitarían mucho la comprensión de tan complejos procesos.

Recientemente está aumentando el interés por conocer las profundas causas de los cambios culturales detectados en nuestra prehistoria. Así, cada vez se habla más de la cognición humana, de las variaciones neurológicas con las que se relaciona, y de las ciencias que más se dedican a su estudio (Neurología y Psicología, de cuya íntima unión nace la Psicobiología). Cada vez más, se mencionan en diversos trabajos las capacidades cognitivas de los humanos que crearon los restos que vemos en los yacimientos, del simbolismo que puede estar relacionado en ellos y, en definitiva, de intentar explicar las causas que motivaron la aparición y desarrollo de tales restos arqueológicos (serían el cómo y el porqué del cambio cultural).

Este campo es el que corresponde a la Arqueología cognitiva, cuya definición conceptual ha sufrido ha sufrido diversas interpretaciones, quedando algunas muy poco desarrolladas y explicadas. En principio, no puede simplemente limitarse al intento de conocer los pensamientos que tuvieron los seres humanos en épocas pasadas o, de una forma más genérica, del análisis de la forma de pensar de los mismos. Actualmente se ha situado como la ciencia que trata de adquirir el mejor conocimiento posible de cómo, durante el curso de la evolución humana, fueron creándose y desarrollándose las capacidades cognitivas que, a la larga, dieron lugar a un comportamiento tan complejo y significativo. Es decir, trataría de analizar y comprender la evolución cognitiva del género Homo.

Se está hablando mucho de los estudios multidisciplinares e interdisciplinarios como necesarios para el estudio de la conducta humana. Sin embargo, aparecen nuevos problemas, como la propia composición de tales formas de estudios, es decir, que ciencias deben tratar de analizar la conducta en el lejano pasado prehistórico. Si nos centramos en los yacimientos arqueológicos, como fuente directa de la conducta paleolítica, la elaboración de estos equipos multidisciplinares debe recaer en el arqueólogo que vaya a dirigir la excavación y realizar su posterior análisis. Así, siempre estarían compuestos por los criterios que su formación académica y tradición arqueológica le indiquen, es decir, por arqueólogos, paleontólogos, y en general de todos los pertenecientes a disciplinas que puedan aportan datos sobre las características geológicas, biológicas y físico-químicas del yacimiento, del medio ambiental existente durante su periodo de formación, y de su ubicación temporal y espacial. Pero, ¿estamos seguros que tal composición cumple todas las posibilidades teóricas para estudiar la conducta de las primitivas poblaciones paleolíticas?, ¿no tendrían algo que decir aquellas disciplinas que tradicionalmente estudian el comportamiento humano en su origen, desarrollo y evolución en general?


Pero tales preocupaciones sólo se producen en los países que tienen interés en relacionar la Arqueología prehistórica con la Antropología física y cultural, así como por las relaciones biológicas que conlleva. Mientras que en otros se omiten del bagaje académico actual, siendo escaso el interés de muchos de los que se dedican al estudio de la prehistoria, pues se carece de métodos y formas que faciliten su análisis y comprensión. Por si esto fuera poco, hay que añadir el continuo aumento de la complejidad que su estudio conlleva, así como su gran dificultad expositiva y divulgativa.


La comprensión de la realidad humana en todas las épocas pasa inexcusablemente por la utilización y desarrollo de tales ideas y disciplinas (Arqueología cognitiva interdisciplinar). Podemos ignorarlas por un tiempo, pero tarde o temprano se impondrán como formas imprescindibles en el estudio de nuestra conducta, sólo hay que esperar o, lo que sería mucho mejor, empezar a trabajar en esta línea teórica.

- DARWIN, CH. (1988): El origen de las especies. Espasa-Calpe. Austral. Madrid.
- MARAÑÓN, G. (1952): Prólogo del libro de E. Muñoz y A. Mundo: El bazo y sus funciones. Universidad de Granada.

domingo, 10 de septiembre de 2017

La conducta simbólica en el Gravetiense

Aunque pueda concebirse el arte del Paleolítico superior como una entidad gráfica y social con unas características comunes que se desarrollaron hasta su rápida desaparición en el comienzo del Holoceno, lo cierto es que presenta numerosas particularidades que defines a cada periodo como entidades simbólicas, sociales y gráficas con entidad propia. Sin embargo, no hay que olvidad que toda la actividad humana corresponde a un continuum heterogéneo en el tiempo y la geografía donde se desarrolla. Por tanto, el Gravetiense, situado cronológicamente entre el Auriñaciense y el Solutrense, debe de presentar algunas relaciones de continuidad o de ruptura, que siempre hay que analizar en todos sus aspectos (social, gráfico, simbólico, tecnológico, etc.).

Características cognitivas y culturales

En este periodo se asume, como es conocido en las poblaciones humanas del Paleolítico superior, que tenían un nivel de autoconciencia (Autoconciencia yArqueología) considerado como moderno en sus conceptos de individualidad social y/o personal, del tiempo y del espacio. Sin embargo, el origen del Gravetiense se considera, por datos cronológicos y genéticos, que tiene un origen asiático, de donde se expandieron hacia el oeste europeo (Semino et al. 2000; Wells 2002). Es decir, en el inicio del Gravetiense se produce una intromisión cultural de poblaciones humanas provenientes de Asia, con características simbólicas propias y diferentes.

Se produce un proceso cognitivo-simbólico que ha sido muy pocas veces estudiado, pero del que hay muy pocas dudas sobre su realización. Tal hecho se deduce de la interconexión social y demográfica de dos grupos poblacionales de diferentes contenidos simbólicos, si tenemos en cuenta sus diferentes manifestaciones gráficas y sociales que conocemos.

I. – Continuidad simbólica de tradición auriñaciense
Del Auriñaciense conocemos sus importantes manifestaciones gráficas, tanto del interior como del exterior de las cuevas, que representan el inicio de un simbolismo muy particular en Europa, pero que de formas más o menos similares se produjo en numerosos lugares del mundo habitado de la época (Inicio del arte paleolítico). Destacan por su particular simbolismo y significado los teriántropos (Teriántroposauriñacienses), conductas que de algún modo continuaron a lo largo de todo el Paleolítico superior.

Según los datos arqueológicos conocidos en la actualidad, en este periodo los teriántropos casi desaparecen, pues solo se conocen muy pocos datos al respecto, y aún así con dudas sobre su correcta ubicación cultural y cronológica. Teniendo en cuenta la limitada pero manifiesta serie de teriántropos del Auriñaciense, y el paulatino desarrollo de este tipo de iconografía en los periodos posteriores, parece raro que su desaparición arqueológica se deba a los múltiples procesos de destrucción o de limitación de descubrimientos muy relacionados consecuencia del azar. Habría que valorar el aumento de la producción de manos solitarias y posiblemente máscaras (Castillo, Altamira, Candamo, etc.) en el interior de las cavidades como sustitutos, al menos en parte de su simbolismo, de las manifestaciones gráficas de los teriántropos.

- En Pech-Merle podría darse un teriántropo conla parte superior de un mamut. Su iconografía es dudosa, asignándose a este grupo de manifestaciones por la postura bípeda y las piernas humanas que parece tener. Se desconoce su sexo y está situado en el interior de la cavidad, relacionándose con otras figuras de animales (mamuts, uros, caballos y puntos rojos). Es difícil su ubicación temporal, pues parece que pueden corresponder a tres periodos (Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense). En la cueva existe una datación directa mediante carbono 14 de uno de los caballos con puntos bajo manos negativas, que lo sitúa en el 24640±390 B.P. (Lorblanchet, 1995). Sin embargo, la relación cronológica de la figura no está establecida, siendo probable que sea Solutrense (Bahn y Vertud, 1997), lo que estaría más de acuerdo con su asociación con otros animales.

- La cabeza de bisonte humanizada de Peña de Candamo (Fig. 2), que recientemente se le ha atribuido una cronología de 22.500 BP, lo que la situaría al final del Gravetiense (Corchón et al. 2014).

Teriántropos de Peña Candamo
II. Nuevas manifestaciones simbólicas foráneas
Tenemos dos manifestaciones simbólicas foráneas que no se conocían en el Auriñaciense y, que a partir del inicio del Gravetiense, van a ser frecuentes en Europa del oeste.

- Las venus gravetienses se distribuyen por toda Europa al comienzo del periodo, salvo en la Península Ibérica donde no se ha encontrado ninguna. La situación no deja de ser algo extraña, pues la tecnología gravetiense si sustituye a la auriñaciense en todo el occidente europeo.

- Con los enterramientos pasa algo parecido, pues si en el Auriñaciense no se conocen ningún enterramiento en Europa, la situación cambia radicalmente con el desarrollo del Gravetiense, hacia 30.000 BP. abundan en Europa central y oriental, siendo menos en la parte occidental. En Francia están presente pero son más escasos (Combe Capelle, Abrí Pataud). En la Península Ibérica casi no existen, aunque hay excepciones: los dudosos yacimientos Malladetes (Valencia) y Reclau Viver (Girona), y el más claro de Lagar Velho (23920±220 B.P.) donde se ha encontrado un verdadero enterramiento (Zilhâo y Trinkaus 2002). En el Gravetiense se constatan unos 70 individuos de un total de 162 en el Paleolítico superior. El mayor número de restos se concentra entre los Pirineos y el Loira (63), coincidiendo con áreas con la presencia de venus y de arte paleolítico, y de Italia, Alpes y Sicilia (45) sin arte paleolítico (Cintas Peña, 2014).

Su distribución geográfica
 
Distribución de teriántropos: Auriñacienses (1-6). Posibles Gravetienses (10-11)

La distribución geográfica de estas manifestaciones en este periodo sufre alteraciones muy interesantes. El arte paleolítico en cuevas se desplaza hacia el oeste de Francia y la Península Ibérica, abandonando definitivamente las aéreas de Alemania e Italia, mientras que las venus paleolíticas se distribuyen por toda Europa menos en la Península Ibérica. Los enterramientos van escaseando según nos desplazamos hacia el oeste.


 Los datos arqueológicos

Indican dos tendencias generales. Una del Gravetiense con sus venus y enterramientos con ajuar, siendo soluciones de esta población a las mismas preguntas (estados de conciencia alterados y/o procesos de la naturaleza inexplicables) y realizadas en distintos lugares. Otra, la tradición del Auriñaciense que quedaría patente con la continuidad del arte paleolítico, su mayor introducción en el interior de las cuevas y su continuación al aire libre, aunque con cierta limitación en su producción. Sin embargo, los teriántropos son muy poco significativos.


Conclusiones del Gravetiense

Las soluciones a los problemas generados por la emergencia cognitiva de la autoconciencia a niveles adecuados generados en el Auriñaciense (arte paleolítico en el interior de las cuevas con teriántropos), pudieron perdurar durante el Gravetiense con posibles cambios, consecuencia de la llegada de otros humanos con otras creaciones espirituales. Aparecen varias preguntas: ¿Qué pudo significar la introducción con el Gravetiense de los enterramientos con ajuar y las venus (de aparente carácter maternal y/o fecundador) dentro de las conductas espirituales o numínicas de los auriñacienses? Solo hay tres respuestas:

* Integración espiritual y/o religiosa.
* Independencia de costumbres.
* Mezcla heterogénea y nueva síntesis simbólica.

Lo cierto es que se aprecia una continuidad y avance de las costumbres iniciadas en el Auriñaciense, aunque existen salvedades y novedades importantes:
- Notable disminución de la representación de animales peligrosos, sobre todo los felinos.
- Disminución importante de los teriántropos tal y como se vieron en el Auriñaciense.
- Desplazamiento del arte paleolítico hacia el oeste europeo, abandonando importantes áreas utilizadas en el periodo anterior (Alemania, Italia y algunas zonas de Francia).
- Cambio o desarrollo de nuevos temas gráficos (manos, vulvas, máscaras, figuras femeninas, signos), con significados aún no esclarecidos.
- Aparición de nuevas conductas simbólicas (Venus y enterramientos con ajuar).
- Expansión geográfica irregular de las costumbres gravetienses, que no llegan a la Península Ibérica (venus paleolíticas), o lo hacen muy raramente (enterramientos con ajuar).

Desarrollo de nuevas manifestaciones gráficas

Se producen o se desarrollan nuevas manifestaciones gráficas que pueden llevar nuevos simbolismos. Una muy importante es el desarrollo de la parte por el todo, como adaptación gráfica de las nuevas simbologías (venus por vulvas) o nuevas expresiones gráficas del mismo simbolismo (manos, máscaras por teriántropos). Igualmente se produce un desarrollo importante de los signos, cuyo significado es aún más complejo de analizar, pero que muchos de ellos estarían en relación con las muestras gráficas naturalistas.

Mano aislada de Gargas
* Con antecedentes en el Auriñaciense, es en este periodo donde se desarrollan ampliamente las manos, máscaras (parte) en posible representación del (todo: teriomorfos). Su significación puede aclarar el importante declive de los teriántropos al ser estos representados por las manos aisladas en el interior de las cavidades.

* Las vulvas (parte) del cuerpo femenino en general que podrían ser las venus (todo). La falta de venus paleolíticas  coincide más o menos con la existencia de figuras de vulvas en el interior de la cueva. Podría tratar se de un reemplazo o adaptación del significado de las venus a las costumbres del arte paleolítico.

Siluetas femeninas y vulvas de Tito Bustillo 
* Y posiblemente signos no estudiados, aún más difícil de realizar, pues algunos podrían estar directamente relacionados con los anteriores procesos.

 Conclusiones

Establecer conclusiones no es fácil, siendo mejor establecer hipótesis de trabajo sobre las que hay que incidir profundizando en las formas que la Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) ha establecido. En este contexto hipotético se pueden adelantar las siguientes deducciones:

1.- Lo cierto es que a partir del Gravetiense la continuidad y desarrollo del arte paleolítico es un hecho contratado arqueológicamente, apreciándose un importante aumento en su producción y en su introducción dentro de las cuevas.

2.- Puede apreciarse un heterogéneo aumento del naturalismo y de perfección gráfica que permiten mantener en vigor el sistema estilístico de Leroi-Gourhan para la cronología del arte prehistórico, aunque con salvedades que hay que buscar y analizar.

3.- En el desarrollo del Gravetiense conocemos dos conceptos espirituales/religiosos contemporáneos. Ambas puedan ser diferentes respuestas a los mismos o parecidos problemas espirituales/religiosos, aunque con manifestaciones distintas.

4.- Su integración geográfica y temporal no fue homogénea, pues se aprecia dos áreas europeas con diferentes conductas espirituales.

- Península Ibérica. Con limitación y/o ausencia de enterramientos y venus. Perduración y aumento lo iniciado en al Auriñaciense. Incremento de los temas sexuales (reproducción, rito o sexo) en el interior de las cuevas. Desconocimiento  de  teriántropos en esta zona y periodo salvo el dudoso de Peña Candamo. Mayor presencia de manos solitarias pueden ser un buen sustituto del simbolismo que representan (control, relación y conocimiento del mundo onírico adquirido con la autoconciencia y representado en el interior de las cavidades). Los animales representados comienzan a ser los tradicionales, donde los peligrosos pierden el protagonismo visto en el Auriñaciense.

- En Francia proliferan los enterramientos y la producción de venus en clara oposición a lo visto en el Cantábrico. Igualmente, no tenemos constancia clara de teriántropos, salvo el caso dudoso de Pech-Merle, pero la proliferación de manos en notoria, sobre todo en Lot (Merveilles, Rocuadour, Pech-Merle y Fieux), los Pirineos (Gargas y Tibiran), siendo este periodo en el que prácticamente se realizaron todas las conocidas (González Sainz, 1999). Las muestras de arte paleolítico se van introduciendo en el interior de las cuevas, aunque es muy difícil establecer separaciones cronológicas entre el Auriñaciense o el Gravetiense. Representan una fauna variada (caballos, mamuts, cápridos, cérvidos, bisontes, etc.) notándose la ausencia de los felinos.


- BAHN, P, y J. VERTUD, (1997): Journey Through the Ice Age. London: Weidenfeld and Nicolson. INST ARCH BC 300 Qto BAH.
- BON, F. (2016): “La vie quotidienne au Paléolithique. L´Histoire, 420, Les Sociétés Préhistorique.
- CINTAS PEÑA, M. (2014): “Disimetría sexual en la prehistoria de Europa. Aproximación desde los contextos funerarios del Paleolítico superior. Revista Arkeogazte, 4: 43-6.
-  CORCHÓN, M.ª S.; GÁRATE, D.; VALLADAS, H., RIVERO, O.; PONS-BRANCHU, E.; ORTEGA, P. y HERNANDO, C. (2014): “Back to the point: new dating for La Peña de Candamo cave art (Asturias)”, Zephyrus, 73, pp. 67-81.
- GONZÁLEZ SAINZ, C.(1999): “Algunos problemas actuales en la ordenación cronológica del arte paleolítico en Cantabria”. I Encuentro de Historia de Cantabria, t.I, pp. 149-166. Santander.
- LORBLANCHET, M. (1995): Les grottes ornées de la Préhistoire. Nouveaux regards. Paris.
- SEMINO, O.; PASSARINO, G. y OEFNER, P. J. et al. (2000): “The genetic legacy of Paleolithic Homo sapiens sapiens in extant Europeans: a Y chromosome perpective”. Science, 290: 1.155-9.
- WELLS, S. (2002): The Journey of Man: A Genetic Odyssey. Penguin. Londres.
- ZILHÄO, J. et al. (2010): “Symbolic use of marine shells and mineral pigments by Iberian Neandertals”. PNAS, 107/3: 10023-10028.