domingo, 21 de mayo de 2017

Origen de las representaciones gráficas del Paleolítico superior europeo

Vulvas de Tito Bustillo (España)
Durante el Paleolítico superior se inicia una serie de expresiones gráficas de gran simbolismo, las cuales van a durar todo el periodo. Su inicio y evolución serán paralelas al desarrollo cognitivo humano, siendo utilizadas como soporte externo de las nuevas ideas que las sociedades humanas crearon. Su estudio conlleva, entre otras cosas, analizar la finalidad para las que fueron creadas (Rivera y Menéndez, 2011). Estas manifestaciones gráficas no pudieron ser ajenas a los amplios desarrollos tecnológicos, sociales, demográficos, culturales, simbólicos y lingüístico que conocemos de forma permanente y generalizada de de mismo inicio del último periodo paleolítico. Los mecanismos de feedback o de retroalimentación positiva y/o negativa se incrementaron notablemente en este periodo, por lo que fueron a la vez causa y efecto del desarrollo cognitivo de los humanos que los crearon (Rivera, 2009). Aunque existen antecedentes de estas formas conductuales en el Paleolítico medio, su producción fue limitada, tanto en la elaboración tecnológica como en su distribución geográfica, acoplándose perfectamente en el heterogéneo continuum que representa a la evolución cognitiva y cultural del género Homo. Su producción sería el reflejo de un importante desarrollo de la flexibilidad y racionabilidad conductual, consecuencia de una importante evolución de los conceptos espaciales y temporales (desplazamiento cognitivo), el desarrollo funcional de las funciones ejecutivas del lóbulo frontal, de la creación de una autobiografía ampliamente estructurada y de su articulación global por medio del lenguaje (lenguaje interno), la acción en conjunto de todos estos procesos cognitivos va a producir la emergencia de la capacidad cognitiva que más nos caracteriza: la autoconciencia. Para su realización hay que construir un nicho cognitivo-cultural lo suficientemente desarrollado como para poder desarrollar adecuadamente (emergencia cognitiva) las potencialidades neurológicas que la evolución nos ha conferido (Rivera, 2009: Damasio, 2010; Rivera y Menéndez, 2011).


Sin embargo, el estudio de la autoconciencia es un tema que prácticamente se ha mantenido alejado del trabajo arqueológico tradicional, explicando los avances socioculturales en todos los periodos como mecanismos adaptativos que realizan los seres humanos por medio de las capacidades cognitivas adquiridas por la evolución (d’Errico y Stringer, 2011; Banks, d´Errico y Zilhão, 2013). Pero dejan sin aclarar por qué se produjo en ese momento y no antes, cuando la evolución neurológica ya se había producido, produciendo una sapient paradox (Renfrew, 2008). La Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) de carácter interdisciplinario ha incorporado al estudio de la evolución conductual humana este proceso cognitivo, por medio de la aplicación de su metodología de estudio al análisis de los datos del registro arqueológico.

Cognición y arte paleolítico

Observamos una gran variación en formas, temas, soportes, expresiones gráficas, materiales usados y ubicación que van cambiando a lo largo del periodo y en diversos lugares. El registro arqueológico nos indica que los temas estarían en consonancia con los problemas o vivencias propias de los grupos humanos del momento: mundo animal, subsistencia, sexo, peligro, simbolismo humano (manos, antropomorfos y teriomorfos) y signos (que pueden relacionarse con todos los anteriores). Su compleja y variada distribución espacial y temporal manifiesta la posibilidad de que no siempre tuvieron el mismo significado simbólico. La ubicación de estos temas respecto al hábitat pudo ser muy relevante, pareciendo razonable suponer que existiría una diferente motivación y significación del arte permanentemente accesible y presente en lo cotidiano, respecto a aquel otro mucho menos asequible que se oculta en la profundidad de la cueva (Menéndez 1994). Tal idea ya fue expuesta y ampliamente seguida en el siglo pasado respecto de los comienzos del arte, en el sentido de que las obras exteriores e interiores no sólo tuvieron contenidos diferentes, sino que responden a motivaciones igualmente diferentes (Laming-Emperaire 1962). El trasfondo social de estas manifestaciones es evidente, se crearon de cara a las necesidades de la sociedad, con el fin de solucionar problemas, resaltar hechos o enseñar conceptos que la sociedad había adquirido con el desarrollo de la autoconciencia y que era difícil explicar socialmente.

Teriántropo de Chauvet (Francia)
Unas manifestaciones estarían cercanas o en el mismo lugar a donde se realizaba la vida cotidiana; su función social habría que buscarla en las necesidades cotidianas del grupo, pues con su realización y permanente visualización se podrían mejorar o solucionar en alguna medida. Mientras que otras se situarían en zonas apartadas del hábitat, en lugares oscuros, alejados o donde no hayan existido áreas de ocupación. Su función, igualmente social, tendría un diferente simbolismo. Estarían relacionadas con una finalidad simbólica nacida de nuevos conceptos o vivencias consecuencia del desarrollo de la autoconciencia, y que aparecen en las sociedades europeas del inicio del Paleolítico superior en Europa, y en el resto del mundo en circunstancias parecidas y épocas distintas.

Creación de nuevos simbolismos autoconscientes

El método que vamos a utilizar en su estudio es el Estructuralismo funcional, el cual nos muestra tres premisas en su desarrollo.

- El desarrollo de la autoconciencia dentro de los conceptos temporales y espaciales (desarrollo cognitivo).
- Todo avance conductual-cultural se realiza a partir del conocimiento de hechos que se ven en la propia naturaleza o están ya asimilados en el acervo cultural.
- En su estudio hay que limitarse a los datos aportados por el registro arqueológico.

Con el desarrollo de la autoconciencia hasta niveles adecuados se producirían mejores interpretaciones de diversos procesos que hasta ahora no se podían realizar, o se hicieron de forma muy básica y con escasas consecuencias conductuales. Me refiero a múltiples procesos naturales que a partir de este momento comenzaron a generar preguntas a los humanos que las vivieron. Las más trascendentes o las que más parece que influyeron en el principio de este periodo fueron las referentes al nacimiento de nuevos componentes del grupo, la muerte en general y las percepciones consecuentes de los estados de conciencia diferentes a la vigilia (sueños, pesadillas) o alterados respecto de la conciencia normal (alucinaciones por enfermedades, ingesta de drogas, etc.). Todos ellos, que con anterioridad se percibirían de una forma más o menos confusa e inevitable, ahora adquieren formas de realidad inexplicable (Rivera y Menéndez, 2011). Las preguntas que pudieron surgir solo pueden ser contestadas con los conocimientos del momento, lo que limita mucho el abanico de posibilidades de las mismas, incluso es muy posible que las respuestas estuvieran entrelazadas. Pueden destacarse tres por su trascendencia en el comportamiento humano del momento y por que pueden ser rastradas, hasta cierto límite, por medio de los datos del registro arqueológico.

Venus de Willendorf
- Sexualidad, fecundidad y nacimiento. Estos fenómenos naturales forman en conjunto un proceso fundamental para las poblaciones humanas del paleolítico, donde la precariedad de la existencia y su corta vida media implicarían que los cambios generacionales fueran vitales para la continuidad del grupo. Desconocemos los conocimientos que pudieron tener de ellos en el inicio del Paleolítico superior, aunque, como expertos conocedores de la vida animal en todas sus facetas, algunos de ellos (fecundación, gestación y nacimiento) les serían muy familiares al verse continuamente en la naturaleza. Paradójicamente, la ausencia de una estación de celo en las mujeres supondría una incógnita por la diferencia que tal hecho supone en comparación con el resto de los animales. Igualmente, pudo ser difícil correlacionar la fecundación con la gestación, pues muchas veces se produciría la primera sin los resultados pretendidos. ¿De qué o quién dependía de que se produjera tal gestación? Son peguntas que, aunque de forma más o menos semiconscientes aparecerían en periodos anteriores, pero es en el inicio del Paleolítico superior, con el desarrollo de un nivel adecuado de autoconciencia, cuando comienzan a ser conscientes, compartidas socialmente y con necesidad de respuestas.

La percepción consciente de la gran diferenciación sexual entre los humanos y los animales que vivían en su entorno (ausencia de celo y posibilidad de continuas relaciones), plantearía ciertos problemas con la concepción de la fecundación, pudiendo separarse en algunos casos ambos procesos. Es decir, se podría usar la sexualidad para fines diferentes de la fecundación, como serían el placer y diferentes rituales desconocidos para nosotros.

- Percepciones en los estados de conciencia alterados. Con la emergencia del nivel de autoconciencia adecuado, los sueños o alucinaciones pasan a ser conscientes, propios, reales y sociales al poder compartir la experiencia. Estos siempre habían existido, pero no podían aflorar al plano consciente sin el desarrollo de la autoconciencia. Sería una emergencia onírica que había que interpretar, comunicar y explicar, siendo necesario buscar nuevas formas y métodos de los conocidos en el inicio del Paleolítico superior. La existencia consciente de estos estados oníricos de alguna manera favoreciera la concepción de un mundo diferente al cotidiano, y que, aunque sea de naturaleza inmaterial, se percibiría como real, pues en el mundo paleolítico serían considerados como normales y reales, y como tales se utilizarían. Para su realización es imprescindible un buen desarrollo de los conceptos del yo-otros, del espacio amplio y diverso, dentro de un tiempo pasado, presente y futuro, pues son características básicas de toda experiencia cognitiva de carácter simbólico, ya sea material o inmaterial (Bueno 1996; Alvargonzález 2005). En este mundo onírico pueden entrar todo aquello que los humanos tuvieran en su memoria (animales, otros humanos, acciones de la naturaleza, objetos, emociones, recuerdos de complejas conductas, etc.). Sin embargo, serían los animales los que, con gran diferencia, adquirirían la principal meta de sus ensoñaciones y/o alucinaciones. Su abundancia, tendencia a la perfección iconográfica y sus múltiples relaciones entre sí y con otros conceptos más o menos abstractos (p. e. sexo, muerte) u otras figuras en mucho menos número (antropoides, manos, caretas) hacen de ellos que adquieran una categoría especial dentro de este mundo espiritual, pues se convierten en númenes o divinidades relacionadas con la naturaleza y los humanos que en ella viven (Alvargonzález 2005), en este particular caso en númenes paleolíticos.

Teriántropo de El Castillo (España)
Estos estados pueden ser incontrolables, como los sueños o las alucinaciones por enfermedad (fiebre, alteraciones psiquiátricas, comas superficiales, etc.); o bien más o menos controlables, como los inducidos por drogas o rituales frenéticos. Todos ellos pueden crear la intuición de que tras estas extrañas percepciones se manifiesta la posibilidad de otro plano de existencia, de otro mundo diferente del cotidiano. Sería un mundo complejo, inmaterial y con entidades que muestran propiedades diferentes de las conocidas entre los seres humanos. Su aceptación implica el desarrollo de un simbolismo espiritual (de base no material en el sentido más estricto), basado no sólo en tener ensoñaciones o alucinaciones, sino en adquirir la conciencia de que uno mismo las tiene como entidades externas a él, y admitir la posibilidad de la existencia de una realidad inmaterial (Rivera y Menéndez, 2011).

Escena del pozo. Lascaux (Francia)
- Muerte. Representaba un proceso cotidiano en todas las poblaciones paleolíticas, pues las consecuencias de las enfermedades, accidentes y lances de caza, entrarían en lo habitual de sus vidas. Con niveles bajos de autoconciencia, cuando tuviera lugar entre los componentes del grupo, se desencadenarían numerosas emociones de difícil solución, pero su actividad de supervivencia debería de continuar. Con la adquisición de mayores niveles de autoconciencia la muerte en sí misma no presentaba ningún cambio, se admitiría como un fenómeno habitual y hasta lógico en su producción, salvo la posible enfermedad cuyo origen se escaparía de su compresión. Pero con la adquisición de los procesos oníricos autoconscientes (estados de conciencia alterados) se produciría un hecho muy difícil de explicar. Se soñaba con los compañeros muertos y se les intuía como si estuviesen vivos, pero no era posible establecer una comunicación con ellos en el sueño, trance o situación onírica especial. Había que interpretar estas experiencias, junto con la existencia de los mismos animales que se habían matado o visto morir y que, por el mucho mayor número de representaciones gráficas que de ellos tenemos, parece tener mayor importancia para las sociedades paleolíticas que la presencia humana en este mundo onírico. Sin duda, la relación biológica, emotiva y cognitiva entre los seres humanos y animales tendría unas particularidades muy diferentes a las actuales, de las que solo podemos intuir hechos de imposible justificación.

Estas experiencias vivenciales (reproducción/sexualidad, conciencia alterada y muerte) solo pueden explicarse mediante los conocimientos adquiridos por medio de la observación del medio ambiente en el que se vive, o de las propias experiencias conscientes que los seres humanos puedan desarrollar en su quehacer cotidiano, cumpliendo así el requisito del Estructuralismo funcional. Este sería el fundamento psicobiológico de porqué todas las poblaciones humanas anatómicamente modernas han desarrollado conductas relacionadas con estas creencias, pero a su vez también explica que su inicio y posterior desarrollo no sea homogéneo, pues es una consecuencia de las características socioculturales de cada población, cuyo desarrollo e interacción es heterogéneo y de diferente evolución en el tiempo y en el espacio.

Experiencias y soluciones que genera

La existencia consciente de estas tres preguntas exigiría soluciones conductuales que facilitasen la vida cotidiana de los grupos humanos. Pero la producción de tales respuestas no fue fácil, pues necesitaron un complejo entramado de ideas y conductas que al final pudieron desemboca en las manifestaciones gráficas de gran carga simbólica que todos conocemos. No conocemos el grado de interrelación que las tres preguntas pudieron tener, aunque la prolongación de cierta vida después de la muerte en ese mundo onírico parece fácil de entender, al soñar o alucinar con seres humanos o animales de los que se sabía que habían muerto y desaparecido de la comunidad. El problema de la fecundidad selectiva tras el apareamiento sería más difícil de comprender y explicar, a no ser que se creasen entidades o ritos ajenos a la propia fecundación, pero que tuvieran la facultad de favorecer la gestación (posible origen de las venus gravetienses).

Con la creencia del mundo onírico e inmaterial aparece la necesidad de explicar su existencia, así como de intentar interaccionar con él, pues es una parte del mundo en el que se vive. Estas necesidades de relación e interacción pueden más o menos controlarse mediante el uso de drogas o conductas que favorezcan la producción de los estados alterados de conciencia. Pero no todos los componentes del grupo pueden realizar ni controlar tales prácticas, pues sin duda producirían consecuencias no deseables en varios de sus miembros, llegando incluso a la muerte de quienes lo practicasen sin demasiado conocimiento. Era necesario que sus prácticas recayesen en ciertas personas que, con la experiencia asumida de sus antepasados y la suya propia, pudieran sortear los peligros de su realización y desarrollo. Sobre estos personajes (intermediarios paleolíticos) recaería el trabajo de la explicación del mundo onírico que en teoría controlaban, y para su desarrollo social en Europa occidental se eligió un ambiente que se pareciera al experimentado en los sueños, como es el mundo subterráneo de las cuevas en donde vivían o no. Estos hechos sabemos que se produjeron desde el mismo inicio de las manifestaciones gráficas (Auriñaciense), pero la exacta forma de su realización es algo que es muy difícil de poder conocer con exactitud.

El mundo de los sueños y/o alucinaciones (onírico) al que pueden llegar los mediadores paleolíticos, tiene unas características muy especiales, las cuales son difíciles de explicar y trasladar al resto de la comunidad. Había que recrear el simbolismo del mundo onírico. Para tal fin se relacionaron sus características con las del mundo subterráneo, pues ambos ambientes tienen importantes semejanzas. Destacan la propia oscuridad, el silencio, la dificultad en la movilidad, el frio y la humedad y, desde luego, cierto deseo de acrecentar las semejanzas y minimizar las diferencias. Si se trataba de representar ese mundo onírico ante el resto de la población, la profundidad de las cuevas o lugares oscuros y aislados cumplen perfectamente el papel. Sin embargo, la finalidad de las ceremonias que pudieran realizarse en estos apartados lugares se nos escapa y cualquier explicación, aunque parezca razonable y lógica, constituye una hipótesis de muy difícil demostración. Pero tal dificultad no debe impedir que, aunque de una forma genérica y limitada, se intente analizar el papel que pudieron tener tales figuras, entre las que destacan los teriántropos como muestras claves en su interpretación.

Al reconocer en ese otro mundo a los humanos y animales muertos, es fácil asociar la idea de que era un lugar a donde se iría después de la muerte, tanto los humanos como el resto de los animales. El interés que despertaría su existencia y conocimiento, así como la presencia de otras emocionas de mayor repercusión social (miedo, desasosiego, angustia, etc.) motivaría la necesidad de comunicación para su conocimiento y un posible control. El papel de las emociones en este contexto es fundamental, por lo que la influencia de las emociones primarias, entre las que destaca el miedo, fue uno de los principales motivos que impulsaría la creación de las respuestas simbólicas que significaría el arte paleolítico en el interior de las cavidades (Rivera, 2015).

Pero para comunicarse habría que ir allí y establecer la relación. Como la mayoría de las representaciones gráficas de las cuevas son de animales, parece que el interés se centraba más en comunicarse con los animales que con los humanos. Para su logro se necesitaba superar un gran problema, pues en la vida cotidiana la comunicación entre animales y humanos no existía. Se tenía que realizar una transformación del elegido (intermediario paleolítico) para controlar estos procesos de forma que, al semejarse a los animales, podría comunicarse con ellos. La inversión antropológica, o formas análogas de conducta humana (p. e. personificación), pudieron ser un intento de relacionarse con tales seres utilizando los medios conocidos, como es la comunicación natural entre los miembros de una misma especie (comunicación verbal o simbólica entre humanos).

El viaje hacia ese mundo onírico significaba morir o algo parecido de lo que se podría retroceder, lo que se podría lograr por medio de mecanismos relativamente controlables. Serían las alucinaciones inducidas por drogas de la naturaleza, junto con rituales frenéticos de carácter repetitivo. En estos casos, se puede establecer una causa-efecto y un cierto control. No se conocen el uso de alucinógenos en el paleolítico, pero no sería nada raro que, en su permanente búsqueda de vegetales comestibles, de una forma accidental encontraran algunos de ellos con estas propiedades. La interpretación o explicación de lo sucedido tras su ingesta les llevaría a una respuesta de carácter espiritual, claramente diferente con su conducta simbólica hasta este momento, siendo muy difícil de definir para ellos, de explicar al resto de la sociedad, y de comprender por nuestra parte.

La actuación de estos intermediarios paleolíticos, desde una visión externa a ellos, parecería como una muerte aparente, pasajera y reversible, lo que se ha querido relacionar con el trance visto en muchas sociedades primitivas y realizados por personajes determinados (chamanes, brujos, hechiceros, etc.). Sin embargo, la experiencia personal de este intermediario paleolítico no sería de muerte aparente y renacimiento (conceptos aún no bien desarrollados), sino de traslación a ese otro mundo para comunicarse con los animales allí presentes.

Humanización o Antropomorfización de la naturaleza

Puede asumirse que los intermediarios paleolíticos serían los teriántropos representados en el arte paleolítico de las cavidades, aunque siempre existirán dudes sobre tal aseveración. Si se quería establecer algún contacto con los animales representados en el mundo onírico habría que encontrar formas que lo permitieran. Este complejo proceso puede realizarse conceptualmente de dos formas: O los humanos adquieren formas y características de los animales con los que se quiere relacionarse (inversión antropológica y/o personificación), o los númenes de ese mundo onírico se humanizan (humanización), adquiriendo cualidades humanas y facilitando la comunicación. Con los datos iconográficos de los teriántropos parece que la primera solución debió de ser la más usada. Solo la cabeza de bisonte de Peña de Candamo parece corresponder a la segunda hipótesis, pero su gran semejanza con el bisonte de La Pasiega (cabeza menos humanizada) nos hace dudar de su realidad como teriántropo. Esta forma de actuación es la base teórica sobre la que se asienta el origen de las entidades espirituales que con el tiempo se denominaron dioses y, con los rituales de relación y explicación de su poder, desarrollaron las conductas religiosas.


Este razonamiento es igualmente aplicable al origen de las venus gravetienses. El problema de la fecundidad selectiva tras el apareamiento sería más difícil de comprender y explicar, a no ser que se creasen entidades o ritos ajenos a la propia fecundación, pero que tuvieran la facultad de favorecer la gestación. Naturalmente, el concepto de esta entidad tendría que surgir de las vivencias y experiencias humanas. Toda nueva vida aparece a partir de algo o de alguien, las plantas de la tierra y los animales de sus madres, ambos son los que producen nuevas formas de vida, y por tanto, las entidades que se podrían elegir como entes que favorecen el renacer de la vida serían la tierra (Madre tierra, concepto personificado) y una mujer (Venus con atributos femeninos maternales y sin o con un rostro anodino) con capacidad para favorecer aquello de lo que estaría preparada para realizar, la fecundación. La primera parece que hasta los tiempos de la agricultura no tiene un buen desarrollo, pero el segundo tuvo plena desarrollo ya en el Paleolítico superior.

Conclusiones

La aceptación del desarrollo de la autoconciencia como capacidad cognitiva emergente, tras el desarrollo del lenguaje, creación de la memoria autobiográfica y en desarrollo de las funciones ejecutivas del lóbulo frontal, es un hecho que hay que admitir. Su desarrollo con características de modernidad conductual, dentro de su heterogéneo continuum en el tiempo y en el espacio, es la explicación más coherente y mejor fundamentada sobre los cambios conductuales acaecidos desde el inicio del paleolítico superior. La explicación de las complejas conductas simbólicas que desde entonces se produjeron, no deja de ser una adecuada aplicación de este desarrollo cognitivo a los conocimientos de cada momento y lugar. Pero su utilización no depende de su explicación teórica, sino de su aceptación académica, lo que por ser un complejo estudio interdisciplinar, parece que hay que esperar largo tiempo, aunque tarde o temprano llegará.



- Alvargonzález, D. (2005): “El problema de la verdad en las religiones del Paleolítico”. En Jiménez, F; Peñalver Gómez, P y Ujaldón Benítez, E. (coord.). Filosofía y cuerpo: debates en torno al pensamiento de Gustavo Bueno. Págs. 213-243. Ediciones Libertarias/Prodhufi. Madrid.
- Banks, W. E.; d´Errico, F. y Zilhão, J. (2013): Corrigendum to “Human-climate interaction during the Early Upper Palaeolithic: Testing the hypothesis of an adaptive shift between the Proto-Aurignacian and the Early Aurignacian” Journal of Human Evolution, Volume 64, Issue 1: 39-55.
- Bueno, G. (1996): El animal divino. Ensayo de una filosofía materialista de la religión. Pentalfa. Ed. Oviedo.
- Damasio, A. (2010): Y el cerebro creó al hombre. Ed. Destino. Barcelona.
- D´Errico, F. y Stringer, Ch. B. (2011): “Evolution, revolution or saltation scenario for the emergence of modern cultures?” Philosophical Transactions B. 366, 1060-1069.
- Laming-Emperaire, A. (1962): La signification de l'art rupestre paléolithique; méthodes et applications. A. and J. Picard.
- Menéndez, M. (1994): “Arte rupestre y arte mueble paleolítico: Relaciones”. Complutum 5: 343-355.
- Renfrew, C. (2008): “Neuroscience, evolution and thesapient paradox: the factuality of value and of the sacred”. Phil. Trans. R. Soc. B 363, pp. 2041-2047.
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
- Rivera, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp 41-61. UCLM.
- Rivera, A. y Menéndez, M. (2011): Las conductas simbólicas en el paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I Prehistoria y Arqueología. Nueva época nº 4.

viernes, 28 de abril de 2017

El concepto de nicho en las sociedades humanas

Desde el comienzo de nuestro linaje (Homo habilis y su forrajeo de lugar central) los seres humanos han ido construyendo un mundo en el cual poder vivir lo mejor posible. En el Paleolítico tal mundo siempre se basaba fundamentalmente en la propia supervivencia y, de forma clara, a partir del Paleolítico superior en un mundo espiritual y social con un continuo ascenso en complejidad y eficacia adaptativa.


Partiendo de conceptos ecológicos todas las especies viven en un nicho ecológico. Sería un lugar geográfico con ciertas características físicas, químicas, topográficas, latitudinales o fisionómicas del ambiente (lugar), y donde la especie (individuo, población) puede desarrollarse en el espacio y en el tiempo, gracias a las relaciones funcionales (conducta) con la comunidad con dicho hábitat. Como es lógico, todas las especies humanas participan de estos conceptos, pues solo pueden vivir, procrear y desarrollarse en lugares determinados que así lo permitan. Al nacer, todos se encuentran es un conjunto de interacciones sociales mediadas por artefactos simbólicos (cultura) y materiales (medio ambiente determinado). Este conjunto constituye el nicho ecológico en el que la cognición humana se desarrolla normalmente, y sin el cual muy probablemente no llegaría a desarrollarse plenamente (Tomasello, 1999).

Sin embargo, a diferencia de las demás especies, la capacidad de aprendizaje social, las habilidades cognitivas generales y el lenguaje humano permiten que la construcción de este nicho sea un proceso de permanente acumulación y transformación, en el que los procedimientos, las herramientas y las ideas se van mejorando de generación en generación (Tomasello, 1999; Bickerton, 2009). Es decir, en las poblaciones de las diversas especies del género Homo se ha producido una evolución cognitiva que posibilita una mejor adaptación a más medios ambientales. La mayor resistencia a los cambios ecológicos y la posibilidad de ocupar nuevos hábitats por parte de las poblaciones humanas, no se deben principalmente a la evolución morfológica, sino a la evolución cognitiva.

En este contexto, algunos autores han definido a este nicho ecológico como cognitivo, queriendo resaltar la mayor influencia de la cognición humana sobre las características de estos espacios ecológicos. Se fundamenta en la concepción innata de muchas de nuestras capacidades cognitivas, las cuales han sido desarrolladas y moduladas por la selección natural, para poder resolver problemas concretos de adaptación a los que los humanos han tenido que enfrentarse con frecuencia. Las habilidades claves serían dos: el uso del razonamiento causal para realizar inferencias relativas a las contingencias propias del ambiente local, y la habilidad para aprender unos de otros, gracias a la cual se reduce enormemente el coste de adquirir la información necesaria para adaptarnos a las condiciones ambientales propias de cada lugar (Pinker, 2010).

Otra alternativa sería el concepto del nicho cultural. Se fundamenta en que la hipótesis del nicho cognitivo sobreestima el papel innato dirigido por la selección natural de las habilidades cognitivas humanas como responsables del éxito de la especie, y subestima el papel que en ese éxito ha jugado la cultura. La hipótesis del nicho cultural da mucha mayor importancia a la capacidad para aprender de los demás, ya que nos ha permitido acumular información generación tras generación, y desarrollar herramientas, creencias y prácticas que ningún individuo podría desarrollar o inventar por sí mismo. La evolución cultural, al haber operado a lo largo de generaciones, habría acumulado y combinado elementos de tal manera que ha creado paquetes adaptativos que no dependen de la capacidad de los individuos para comprenderlos y utilizarlos (Boyd et al. 2011).

Un último aporte sobre este complejo proceso lo realiza el Estructuralismo funcional, al opinar que el desarrollo cognitivo del género Homo, además de la propia neuroevolución propia del linaje humano, se produce mediante la influencia del medio ambiente cultural, produciéndose un desarrollo cognitivo y, por tanto, importantes cambios conductuales. Sería la hipótesis del nicho cognitivo-cultural (Rivera y Menéndez, 2011). Tales cambios se producen gracias a la existencia de tres procesos que son los que van a producir y regular los mecanismos de la evolución cognitiva:


- Exaptación. Al analizar la conducta en la prehistoria vemos que la neuroevolución no parece estar encaminada a la creación de las altas capacidades cognitivas que configuran nuestra conducta (lenguaje, escritura, simbolismos de todo tipo, etc.), pero sí para la recogida y procesamiento del la información que se puede adquirir de la observación del medio ambiente, lo que nos pone en el camino de los conceptos evolutivos de la exaptación.

- Coevolución. El trabajo neuronal que se realiza con esta información es variado, y puede especializarse en diversa zonas cerebrales de compleja interrelación. Podemos desconocer con exactitud las características de esta interrelación o del porqué se asientan en unas u otras áreas cerebrales, pero estamos seguros de que sin la influencia medioambiental (entrada de información o sensaciones) nada de esto se produce, o se realiza de forma anómala. Parece que la coevolución de todas estas áreas, en consonancia con la influencia medioambiental, es lo más común que podemos observar en el desarrollo cognitivo humano. Naturalmente, estamos hablando de una coevolución cognitiva que se asienta en las características exaptativas de nuestra neuroevolución.

- Emergencia cognitiva. De esta coevolución cognitiva influenciada por las aferencias exteriores y organizadas por el lenguaje se va a producir la emergencia de una capacidad cognitiva de gran trascendencia para la conducta humana: la autoconciencia.
En todos estos procesos el lenguaje juega un papel primordial como organizador del pensamiento, de la conducta y de la transmisión generacional de todos los avances culturales y simbólicos que se hayan podido realizar.

Así, se podría explicar la influencia de la cultura sobre la evolución o efecto Baldwin (Bateson, 2004). Al estructurar cognitivamente las áreas de asociación del córtex de cada especie humana con la influencia medioambiental, se consiguen desarrollar capacidades cognitivas emergentes, pero que en principio no evolucionaron para tal fin (exaptación). La expansión demográfica produciría un aumento de la relación social, que a su vez originaría un mayor desarrollo lingüístico y cognitivo, creando el ya mencionado nicho cognitivo-cultural que se transforma en un mecanismo de selección natural.

Estos conceptos conllevan la consecuencia de que todos los humanos requieren desde su mismo nacimiento interaccionar constantemente con un medio social adecuado (racional y emocional), su falta o limitación grave dañaría irreversiblemente su desarrollo cognitivo, con un importante déficit de las capacidades cognitivas tal y como las vemos entre los demás miembros de la sociedad. Todo ello sin que exista un déficit neurológico que lo justifique, sino que las capacidades cognitivas (entendidas como potencialidades a desarrollar) no lo han hecho en su adecuada medida. La importancia de la influencia del medio ambiente (nicho cultural-cognitivo) es crucial para nuestro desarrollo cognitivo, lo que es aplicable a todas las especies del género Homo.


- BATESON, P. (2004): “The Active Role of Behavior in Evolution”. Biology and Philosophy 19: 283-298.
- BOYD, R.; RICHERSON, P. J. y HENRICH, J. (2011): “The cultural niche: Why social learning is essential for human adaptation” PNAS 108 suppl 2: 10918-10925.
- PINKER, S. (2010): “The cognitive niche: Coevolution of intelligence, sociality, and language”. Proceedings of the National Academy of Sciences, vol. 107, suppl. 2: 8993–8999.
- RIVERA, A. y MENÉNDEZ, M. (2011): “Las conductas simbólicas en el Paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional”. Espacio, Tiempo y Forma, Nueva temporada, 4.
- TOMASELLO, M. (1999): The Cultural Origins of Human Cognition. Harvard University Press.

jueves, 30 de marzo de 2017

Los teriántropos auriñacienses

Los teriántropos o teriomorfos son pinturas, grabados o esculturas que representan a un ser con parte humana y parte animal. Tal combinación se ha visto utilizada en numerosas comunidades humanas desde el paleolítico, lo que no quiere decir que su significado sea homogéneo en el tiempo y en el espacio. Su inicio e inmediato desarrollo tuvo lugar con el comienzo del Paleolítico superior en Europa. En comparación con las numerosas figuras zoomorfas y signos que se conocen no son demasiados numerosos, pero constituyen un elemento clave en la interpretación del significado del arte paleolítico situado en el interior de las cavidades. Tenemos algunas características generales:

- Son una mezcla humano-bestia en la que el proceso siempre es en una dirección, es decir, el humano se bestializa y no al revés. Lo más característico es que la figura represente un humano con una cobertura superior (cabeza y a veces torso) de un animal determinado. No se ven animales con cabeza y/o torso humanos, como con posterioridad se aprecia en numerosas culturas históricas.
- La mayoría presentan una buena identificación del animal al que se han bestializado.
- Muchos muestran aspectos sexuales marcados. Triángulo púbico en representaciones femeninas, y sexo eréctil (itifálicos) en las masculinas.
- Su representación no siempre es natural o precisa, algunos se confunden con simples antropomorfos. La figura bípeda o elementos de animalidad (pezuñas, cola, hocico, etc.) pueden identificarlos.

Teriántropos del Auriñaciense

- Periodo de producción. Los teriántropos del Auriñaciense destacan en la actualidad por estar bien datados cronológicamente y corresponder con el comienzo del arte paleolítico (Figs. 1-6).

* Suabia: Hohlenstein-Stadel 32 Ky. Hohle Fels 35 Ky, Venus de Hohle Fels también con 35 Ky.
* Cueva Fumane. 35.640 ± 220 y 35.180 ± 220 BP (41.000 BP cal GISP2).
* Cueva de Chauvet 32/30 Ky.

* Cueva de Tito Bustillo 33 Ky. 32.990 ±450 BP.


Dentro del continuum evolutivo (cognitivo-conductual) tenemos a los primeros HAM que llegaron a Europa. Tradicionalmente se han establecido dos vías de avance geográfico (la costa sur de Europa y el valle de Danubio). Aunque hay cierta controversia sobre su origen, desde la Arqueología cognitiva se piensa en poblaciones del P.O. con cierto avance tecnológico (p. e. Baradostiense) se desplazaron al oeste, desarrollando en la ocupación europea la tecnología y simbolismo característico del Auriñaciense (Rivera, 2009).


- Características cognitivas y culturales del Auriñaciense inicial. Su desarrollo social dentro del grupo, con otros grupos y, en alguna manera, con otros humanos (Neandertales); la realización práctica de formas de lenguaje cada vez más elaboradas con importantes avances en los conceptos temporales y espaciales (imprescindibles para su avance geográfico y la comprobada relación entre grupos); la creación temprana de adornos como muestra de su diferenciación social y desarrollo del antagonismo yo-otros; el paulatino crecimiento de una autobiografía personal como elemento importante del yo, les llevaría al desarrollo de un nivel de autoconciencia lo suficientemente desarrollado como para crear conductas más flexibles y racionales. Autoconciencia que les haría plantearse soluciones a los nuevos problemas autoconscientes. Arqueológicamente se caracteriza por:

Tecnología laminar
Tecnología ósea
Producción de adornos
Mayores relaciones sociales
Inicio del simbolismo gráfico

- Espacio geográfico, que queda claramente indicado en el siguiente mapa:


- Datos arqueológicos. Sus principales características estarían resumidos en el siguiente cuadro:


En Suabia (Alemania) la bestialización es de leones, estando relacionados con estatuillas de animales peligrosos (Figs. 1 y 2); relacionados con el yacimiento de Vogelherd, con estatuillas de animales, destacando los peligrosos (Fig. 9). Aunque parece pronto para indicar las causas de tales creaciones, los temas de bestialización y asociaciones parecen orientarnos en la necesidad de evitar el peligro y/o miedo (emociones) que representan estas bestias, por medio de algún ritual encaminado a implorar u obligar a sus respectivos númenes paleolíticos un trato favorable de compleja y difícil compresión. Parece posible un ritual escenificado con las figuras de diferente sexo: masculino (Hohlenstein-Stadel y Hohle Fels) y femenino (Venus de Hohle Fels), que podría ser parte del rito específico de la función que se atribuye. El uso de instrumentos musicales y posiblemente el sexo (venus de Hohle Fels) le otorga un rango de escenografía especial. Las representaciones móviles permiten su recreación en múltiples lugares, por lo que el lugar de encuentro es poco significativo. Su gran antigüedad indica que pueden ser el origen de estos ritos en el mundo paleolítico. Este foco desaparece en los periodos posteriores, tanto de teriomorfos como de las escasas manifestaciones artísticas.


La Cueva Fumane (Fig.3) representa un problema, pues sus características se escapan totalmente de todos los demás ejemplos del periodo. Es esquemático, tanto el teriomorfo como los pocos dibujos que se asocian, está situado a la entrada de la cueva, y no se conocen ninguna relación con el sexo. Es un ejemplo único de la zona, que además desaparece prácticamente en los periodos siguientes.

En Chauvet (Fig. 4) podríamos ver una continuación más desarrollada del anterior, con el mismo tema del peligro de los leones, y la misma intención naturalista de sus autores. Igualmente puede relacionarse con un tema sexual, al tener la figura aspectos de dos personajes de diferente sexo (superior de bisonte e inferior de mujer), de iguales características que el anterior. Sin embargo, cambian al ser manifestaciones parietales situadas en el fondo de la cueva y en la bestialización por el bisonte, tema que será muy utilizado en adelante. Las cuevas de la zona Grotte de l´Aldène (Fig. 7) y Grande Grotte d´Arcy-sur-Cure (Fig. 8) y periodo parecen indicar la prevalencia de los animales peligrosos, que desaparecerían posteriormente, tanto el tema como las manifestaciones gráficas, las cuales se desplazarían en su mayoría hacia el oeste de Europa.

En Tito Bustillo (Figs. 5 y 6) las características arqueológicas cambian notablemente. Si bien puede decirse que es de expresión naturalista, que parecen tener una relación sexual y que están al fondo de la cavidad, sus relaciones con los animales no se conocen. En la excavación del lugar nos mostró una fosa oval en la que se mezclaban huesos calcinados y fragmentados con carbón y colorante, circundados por piedras planas (Balbín et al. 2003). Parecen indicar constancia de un rito desconocido, el cual, si perduró en el tiempo puede asociarse con la existencia de vulvas gravetienses y las posteriores figuras de animales de la cavidad.

Interpretación sobre su significado

El inicio del Auriñaciense se ubica dentro de unas conductas reflexivas y razonadas, que lo sitúan como una de las primeras culturas nacidas del desarrollo del la autoconciencia humana. La adquisición de la conciencia sobre los estados alterados de conciencia (alucinaciones, sueños, visiones, etc.), indujo a crear un complejo mundo de características inmateriales, que para ellos debió de tener una existencia aparentemente real. La explicación más satisfactoria que podría obtenerse sería la aceptación de la existencia de otro mundo de características inmateriales y con entidades que tendrían propiedades diferentes de las conocidas entre los seres humanos. Su aceptación conllevaría al desarrollo de un simbolismo espiritual (de base no material en el sentido más estricto), basado no sólo en tener ensoñaciones o alucinaciones, sino en adquirir la conciencia de que uno mismo las tiene como entidades externas a él, y admitir la posibilidad de la existencia de una realidad inmaterial. Existencia de otro mundo que hay que intentar explicar y usar si es posible. Este es el comienzo de las conductas espirituales de todas las poblaciones humanas, aunque su desarrollo no es homogéneo entre ellas. ¿Cuál fue el camino escogido por lo HAM del Auriñaciense? La respuesta debe de estar en las características de los datos arqueológicos, por extrañas o raras que nos parezcan en la actualidad. En su origen cronológico se señalan dos tendencias dispares, que se corresponden con las dos posibles vías de expansión de los HAM a Europa provenientes del este.

- Una compuesta en exclusiva por Cueva Fumane, con unas características muy diferentes de las demás. Es esquemático, está a la entrada de la cueva y un tanto aislado de los anteriores yacimientos. El teriomorfo es un astado de imposible clasificación zoológica. Su datación indica una gran antigüedad. Solo puede hacerse una genérica hipótesis: Podría corresponder a una solución dada por los humanos de la expansión de los pueblos auriñacienses a lo largo de la costa (siguiendo el paralelo 43) que podría corresponder al Fumaniense mediterráneo o Protoauriñaciense (Mellars, 2006). Su simbolismo es muy difícil de intuir por su escasa representación, aunque la asociación del teriántropo con animales (otro bloque con un posible felino) lo sitúa en una expresión básica de espiritualidad (control, relación desconocida, etc.), en consonancia con la otra línea de expresión vista en Alemania, pero con rituales diferentes. En esta zona desaparecerán las muestras de arte paleolítico, por lo que se piensa que tales rituales (con las características vistas en Cueva Fumane) desaparecen totalmente, quedando solamente la otra vía de desarrollo que se desplazará al oeste de Europa, abandonando igualmente las zonas primigenias de Alemania.

- Otra, siguiendo el valle del Danubio hasta los yacimientos de Alemania. Estos presentas unas características propias: Son de formato naturalista, al ser móviles pueden situarse tanto a la entrada como al fondo de la cueva, la bestialización es claramente de felinos, estando en relación con otros animales (peligrosos en mayoría). Están relacionados con la sexual venus de Hohle Fels y flautas que indicarían un ritual muy específico y social. Se puede rastrear la relación con los animales peligrosos felinos sobre todo) en un camino hacia el sur de la cueva de Chauvet, por medio de las cuevas Grotte de l´Aldène (Fig. 7) y Grande Grotte d´Arcy-sur-Cure (Fig. 8), que comparten naturalismo, interior de las cavidades y animales peligrosos. En Chauvet hay que añadir la posible relación sexual en el rito del teriántropo mixto (si se considera formado por dos partes: femenina la inferior y masculina el astado de la superior).

En ambas vías parece que el motivo de la creación de los teriántropos es el mismo (miedo de los depredadores), conocimiento de otro mundo espiritual donde poder ir a ejercitar o suplicar cierto control sobre estos animales peligrosos. Necesidad de crear un intermediario paleolítico que realice la intercesión. Paralelamente se representaría este proceso en el interior de las cuevas para su conocimiento social, lo que aliviaría en parte la tensión social ante estos animales, y aunaría a la sociedad en torno a unas ideas comunes que compartir y mantener. Su inicio pudo ser muy bien las estatuillas de Alemania, pero pronto se descubriría que el dibujo en el interior de la cueva (recrea mucho mejor todo el ambiente del mundo de las alteraciones de la consciencia), es mucho más real, práctico y efectivo para el fin que se podía proponer (explicaciones a las nuevas realidades conscientes, favoreciendo la relación y/o control social). Todo lo que sea profundizar a partir de estas conclusiones se trataría de exponer hipótesis a comprobar, lo que actualmente aún no se ha realizado.

La cueva de Tito Bustillo presenta grandes similitudes con las de este modelo creado en Alemania (Figuras naturalistas, interior de la cueva, relación sexual), con la salvedad de que se desconocen relaciones con otros animales. El teriántropo masculino es un astado, siendo indeterminado el femenino, lo que podría ponerle en relación con las imágenes de Chauvet.

Sin embargo, el miedo no debió de ser el único aliciente que debió de motivar tales hechos, pues con mayor o menor representación, desde el principio se representaron otros animales. Estos, con el tiempo suplantaron casi totalmente a los felinos, que quedaron relegados a una representación mucho más secundaria. Las relaciones con los animales son desde el principio la principal fuente de estímulo en la creación de las pinturas dentro de las cuevas. Se buscaba su relación e intercesión a temas que desconocemos, funcionando como elementos de unión del grupo.

Si el fin principal de la representación gráfica fue el miedo a los grandes depredadores, surge la pregunta del porqué del cambio de la bestialización, de león a bisonte. Las respuestas solo pueden darse en el campo de las hipótesis, una de ellas podría ser que hasta los leones tienen miedo o evitan en lo posible el poder de las grandes manadas de bisontes, pues en conjunto debieron de ser abrumadoras. También que los bisontes (o animales que con el tiempo formaran parte de la transformación de los teriántropos) constituyeron esa ecología relacional, epistemología relacional u ontología relacional, que solo nos atrevemos a intuir su existencia, pero que desconocemos totalmente las características precisas de su relación. Hay que resaltar en este periodo la existencia de otras manifestaciones gráficas en toda la zona del oeste de Europa un trato tan importante por los animales peligrosos. Lo más conocido en el Cantábrico y el suroeste de Francia, pero con características diferentes: son más anicónicas, cercanas al hábitat, con predominio claro de animales no peligrosos y sin teriántropos.

Conclusiones generales

- La idea de un comportamiento simbólico único en todas sus manifestaciones y perdurable durante todo el Paleolítico superior en las áreas europeas con arte paleolítico, parece ser más teórica que real. Se va viendo cierta variedad creativa, consecuencia de los avatares de las sociedades humanas que generan dicho arte.

- Sin embargo, existe cierta convivencia de ideas perdurables en el tiempo (Existencia de otro mundo que hay que intentar explicar y usar si es posible), con diferentes manifestaciones e influencia entre las costumbres simbólicas que vemos en el registro arqueológico, y que bajo una visión de heterogeneidad en su origen y desarrollo sería el camino a estudiar.

- Su estudio debe realizarse mediante el análisis territorial y cronológico de todas las manifestaciones gráficas de cada periodo y área geográfica. El cual debe de matizarse por las características socioeconómicas y poblacionales de los humanos que las crearon.

- Estos datos interpretados por los parámetros de la Arqueología cognitiva (Estructuralismo funcional) nos permite obtener conclusiones con un soporte metodológico lo suficientemente amplio como para admitirlas con cierto margen de seguridad, constituyendo hipótesis de trabajo bien fundamentadas.

 - BALBÍN, R.; ALCOLEA, J. J. y GÓNZALEZ PEREDA, M. A. (2003): “El macizo de Ardines, Ribadesella, España. Un lugar mayor del arte paleolítico europeo”. En: R. de Balbín y P. Bueno (eds.): El arte prehistórico desde los inicios del siglo XXI, Ribadesella, 2003, pp. 91-152. Balbín et al. 2003
- MELLARS, P. A. (2006): “Archaeology and the dispersal of modern humans in Europe: Deconstructing the Aurignacian." Evolutionary Anthropology. 15, pp.167-182.
- RIVERA, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal. Madrid.
- RIVERA, A. (2010): “Conducta simbólica. La muerte en el Musteriense y MSA”. Zephyrus, 65 (1): 39-63.
- RIVERA, A. (2015): “Arqueología de las emociones”. Vínculos de Historia, núm. 4, pp 41-61. UCLM.
- RIVERA, A. y MENÉNDEZ, M. (2011): Las conductas simbólicas en el paleolítico. Un intento de comprensión y análisis desde el estructuralismo funcional. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I Prehistoria y Arqueología. Nueva época nº 4. 

sábado, 21 de enero de 2017

Sobre las capacidades cognitivas del Neandertal


Piedra de Kaprina (Radovčić, et al. 2016).

De vez en cuando aparecen noticias que relacionan conductas simbólicas a poblaciones de neandertales. Tal es el caso de la publicación sobre una piedra caliza de especial aspecto encontrada en el yacimiento de Kaprina (Croacia) con una datación de 130000 BP. Los autores indican que se trata de otra nueva evidencia de que los neandertales eran capaces, por iniciativa propia, de incorporar objetos determinados y asignarles un significado simbólico que añadir a su cultura (Radovčić, et al. 2016). Ya hace dos años, el mismo grupo y en el mismo yacimiento, publicaron otro hallazgo con un posible simbolismo. Se trata de unas garras de águila con marcas de corte, que fueron señaladas como posibles adornos (Radovčić, 2015).
 
Garras de águila blanca de Kaprina Radovčić, 2015






Estos estudios, y otros tantos similares, nos indican que la controversia sobre las capacidades cognitivas del neandertal (simbolismo, lenguaje, conductas espirituales, creaciones gráficas, etc.) sigue vigente. Es curioso, a la vez que preocupante, que estas cuestiones continúen en la actualidad casi en el mismo punto que hace más de 40 años. La Arqueología, con sus tradicionales métodos y limitaciones, solo ha conseguido que gran parte de los prehistoriadores admitan, unos más que otros, que los neandertales fueron capaces de tener alguna forma de lenguaje y de crear conductas con cierto simbolismo. Llegado a este punto la ciencia arqueológica se para en una continua y estéril controversia, con alineamientos en uno u otro extremo. Hay que crear nuevos caminos que encaucen la discusión por rutas metodológicas más adecuadas, las cuales puedan avanzar más en tan arduo problema.

Por tanto, la relación cultural que pudo existir entre los neandertales y los humanos anatómicamente modernos (HAM) en Europa, y el desarrollo cognitivo que ambas poblaciones pudieron tener, plantea una gran controversia en la actualidad. Con este panorama surge una cuestión: ¿Por qué? En principio aparecen dos respuestas:

- La dificultad de conocer las características biológicas y culturales que pudieron tener cada una de estas poblaciones humanas. El estar discutiendo siempre lo mismo sobre si el simbolismo o el lenguaje pueden relacionarse con las poblaciones de neandertales, contando solo con los datos arqueológicos analizados bajo el prisma de la Arqueología tradicional, no nos ha llevado a ninguna conclusión bien documentada y que pueda ser asumida por la mayoría de los arqueólogos. 

- Falta de un método adecuado que nos permita estudiar con fundamento tales cuestiones. En ciertos medios académicos, muy pocos y la gran mayoría en el mundo anglosajón, han intentado desbloquear esta situación, desarrollando lo que actualmente conocemos como Arqueología cognitiva. Pero, como es lógico y evidente, tuvieron que ampliar mucho el campo de las disciplinas académicas que utilizar es este nuevo enfoque analítico.

Hay que analizar los datos disponibles bajo una perspectiva cognitiva, pues puede facilitarnos nuevos aspectos y una mejor base metodológica sobre su particular evolución cultural, así como las posibles causas que llevaron a la desaparición del Neandertal. Es decir, considerar a los humanos de todas las épocas entidades biológicas cuya conducta es la manifestación funcional de sus características psicobiológicas (evolutivas, neurológicas, psicológicas, lingüísticas, etc.). 

Sin embargo, tal necesidad prácticamente no existe en nuestros medios académicos, o se realiza de forma muy limitada. Esto nos lleva a otra cuestión: ¿Cual es la causa de esta indiferencia científica? La respuesta es múltiple, aunque no todas tengan igual trascendencia. Se pueden destacar las siguientes:

- La imposibilidad de adquirir una certeza absoluta en las conclusiones que alcancemos. El hecho de que sólo podamos obtener información de procesos indirectos, escasos y de difícil interpretación, son motivos suficientes para entender tal afirmación.

- La subjetividad que empleemos en el estudio de los escasos datos, pues siempre se nos presentan dos aspectos que lastran continuamente cualquier análisis: el efecto humano, pues los razonamientos que realizamos están elaborados subjetivamente; y el desconocimiento de las bases reales de la conducta (Criado Boado, 2006).

- El estudiar el comportamiento de aquellos que son diferentes a nosotros, sin conocer, aunque sea someramente, en qué radica tal diferencia, tanto de especies coetáneas (HN y HAM) o en diversas épocas evolutivas de nuestro Género. Toda interpretación que realicemos se hará bajo la información y métodos de las ciencias que apliquemos, por lo que cuanto mayor sea el número de ciencias relacionadas con la conducta humana, más posibilidades tenemos de disminuir la subjetividad. Así, cualquier conclusión que esté fundamentada en una serie de evidencias arqueológicas bien documentadas, que se expliquen con una metodología basada en un estudio interdisciplinar/transdisciplinar con suficiente poder explicativo como para formar una tesis razonada, puede ofrecernos un nivel de certeza aceptable. 

- La enorme dificultad académica que supone aceptar teorías y métodos de otras disciplinas muy ajenas a la Arqueología (p. e. Neurología y Psicología). En los métodos interdisciplinares se puede intentar que especialistas de estas ciencias trabajen todos juntos, pero su dificultad es enorme pues todos deben de conocer ciertos principios básicos de todas las ciencias que forman la interdisciplina, para intentar comprender el problema desde todos los puntos de vista. Pero, ni los arqueólogos conocen (ni les interesa a muchos) los fundamentos elementales de la cognición humana (lo que no es impedimento para que siempre estén hablando de las capacidades cognitivas humanas), ni los neurólogos y psicólogos tienen una mínima idea del desarrollo conductual del género Homo.


Los fundamentos generales del desarrollo cultural y cognitivo se basan en diversos factores:

- En las capacidades cognitivas de origen evolutivo, que posibiliten tal cambio. 
- En la existencia de un acervo cultural previo que pueda facilitar este desarrollo (tecnología, sociabilidad, alguna forma de lenguaje). 
- En las necesidades sociales y ambientales del grupo, que actuarán como estímulo o motivación consciente para superar los problemas sociales y de supervivencia del momento. 



En este sentido, la conducta simbólica nace de la propia interacción social, entre los mismos miembros del grupo y de estos con otros (Shennan, 2001), y del propio desarrollo socioeconómico de estas poblaciones (Hernando, 2002; Rivera, 2009), apareciendo nuevas necesidades que sólo pueden satisfacerse por medio del desarrollo de elementos de identificación social y/o personal. Por tanto, el simbolismo debe ir asociado a situaciones arqueológicas en las que se observe un aumento demográfico de las poblaciones que convivan en una determinada área geográfica; de cierto desarrollo socioeconómico y, por supuesto, de la existencia de las capacidades cognitivas que lo posibilitan. Estas ideas nos conducen a un lógico escalonamiento en la producción tecnológica y simbólica de estas poblaciones. Primero tendría lugar cierto desarrollo tecnológico (socioeconómico) que potenciaría, al mejorar la adaptabilidad, los aspectos demográficos y sociales; posibilitando la nueva tecnología sobre las materias primas orgánicas. Segundo, se produciría la necesidad de desarrollar cierto simbolismo que facilitase la nueva complejidad socioeconómica, es decir, de producir elementos socialmente diferenciadores (adornos). 

Conclusiones 

En definitiva, la conducta no depende sólo de las capacidades cognitivas que se posean, sino de su propio desarrollo cognitivo, lo que a su vez depende de las características medioambientales (sociales, demográficas, lingüísticas, tecnológicas, simbólicas, etc.). Este modelo psicobiológico, social y evolutivo nos lleva a admitir y explicar una serie de procesos que, sobre la evolución cultural humana, observamos en el registro arqueológico en Europa. Siempre hay que tener claro que la evolución nos ofrece con nuestro cerebro unas capacidades cognitivas de dos tipos:  

 - Con cierto carácter innato (capacidades cognitivas primarias): memoria, atención, percepción, algunas emociones, algún nivel de las funciones ejecutivas no bien analizadas.



- Con carácter potencial, es decir, que se desarrollan en función de las características medioambientales en las que se encuentren desde su nacimiento (simbolismo, lenguaje, autoconciencia, emociones autoconscientes, etc.). Su manifestación conductual entraría en lo que se entiende como desarrollo cognitivo o emergente

En todas las especies humanas hay cierto simbolismo (consciente o inconsciente), pero con grandes diferencias. Simbolismo es la representación de algo por otra cosa que no tenga relación directa pero socialmente sea conocida y admitida. El lenguaje es, sin duda, la primera conducta simbólica, aunque en principio se realizaría sin conciencia de la utilización simbólica de los sonidos (palabras) o gestos con significado conductual. 


En el caso que originó la entrada, los HN tuvieron cierta capacidad de simbolismo, así como un lenguaje. El problema es intentar conocer las diferencias que pudieron existir entre estas dos poblaciones humanas, tanto en sus aspectos racionales como emocionales. Su estudio no puede limitarse a simples exposiciones subjetivas de ciertos datos arqueológicos, hay que profundizar en la Arqueología cognitiva. Quien esté interesado en estos temas le invito a leer tres artículos que sobre él he publicado hace años:


 - Criado-Boado, F. (2006): “¿Se puede evitar la trampa de la subjetividad? Sobre arqueología e interpretación”. Complutum 17, p. 247-253.
- Hernando, A. (2002): Arqueología de la identidad. Akal. Móstoles (Madrid).
- Rivera, A. (2009): Arqueología del lenguaje. La conducta simbólica en el Paleolítico. Akal, Madrid.
- Shennan, S. (2001): “Demography and Cultural Innovation: A Model and Its Implications for the Emergence of Modern Human Culture”. Cambridge Archaeology Journal. 11, pp. 5-16.
- Radovčić, D.; Japundžić, D.; Oros Sršen, A.; Radovčić, J. y Frayer, D.W. (2016): “Une pierre intéressante du site de Krapina”. Comptes Rendus Palevol. DOI:10.1016/j.crpv
- Radovčić, D.; Oros Sršen, A.; Radovčić, J. y Frayer, D.W. (2015): “Evidence for Neandertal jewelry: Modified white-tailed eagle claws at Krapina”. PLoS ONE 3: e0119802.