domingo, 11 de octubre de 2015

Audición y Lenguaje

Recientemente se ha publicado en la revista Science Advances un trabajo sobre las capacidades auditivas de los Australopithecus africanus y Paranthropus robustus. Para tal fin se ha realizado un TAC (Tomografía, axial computarizada) de varios cráneos de estas especies, para así poder comparar las características de sus restos óseos relativas al canal del oído externo, con el fin de calcular el tamaño de su tímpano, y las relaciones de los huesecillos del oído medio (martillo, yunque y estribo), que trasmiten los sonidos que les llegan por el canal externo al tímpano y los transmiten al oído interno donde se asientan las terminaciones sensoriales que van a llevar estos estímulos al cerebro. Las características de estos sonidos dependerán de la forma de este canal auditivo externo, tímpano y huesecillos, lo que en mayor o menor grado si dejan restos fósiles (sobretodo espacios dentro del hueso temporal y alguno de estos huesecillos), permitiendo extrapolar las características del sonido que podría llegar al cerebro. 

Estas mediciones se han comparado con las especies vivas (chimpancés y Humanos modernos) y las obtenidas de otros homínidos ya extintos (Neandertal, Homo heidelbergensis, etc.). Las conclusiones son claras, aunque limitadas en su propio significado. Se ha visto que las características auditivas de estos primitivos homínidos iniciaron una derivación anatómica y fisiológica hacia las características de nuestra especie, separándose de las del chimpancé. Los dos taxones de homínidos tempranos muestran una mayor sensibilidad a las frecuencias comprendidas entre 1,5 y 3,5 kHz, es decir, ligeramente superiores de las que presentan los chimpancés en la actualidad (ver imagen del audiograma), indicando el camino evolutivo hacia la banda sonora de frecuencias altas que nos caracteriza. Los autores del trabajo opinan que se trata de una evolución adaptativa de mejoramiento auditivo en hábitats abiertos, en oposición a los del bosque. Con él se pudo haber logrado un mejoramiento en la comunicación cercana en hábitats abiertos, al mejorar la expresión sonora en base al uso de vocales y consonantes sordas.
Audiograma comparando las especies en estudio. Science Advances

Comentario desde la Arqueología cognitiva

Estoy de acuerdo en que este proceso evolutivo proporcionó al género Homo una gran capacidad de emisión y captación de sonidos, pero no creo que fuera determinarte en el desarrollo posterior del lenguaje moderno que lograron los Humanos Anatómicamente Modernos, aunque sí pudo facilitar en algún grado su creación y desarrollo.

El lenguaje siempre ha sido una constante fuente de estudio, discusión y enfrentamiento entre los autores que han elaborado las diversas teorías que conocemos en la actualidad. Todos somos conscientes de la trascendental importancia que ha tenido en todos los aspectos de la conducta humana, pero sobre su origen, forma de evolución y funciones psicobiológicas las discrepancias y las ausencias son notorias. La producción de tan importante facultad, dentro de las comunidades del género Homo, representa un proceso del que desconocemos muchas de sus claves, y de las pocas que conocemos no todas se utilizan para su compresión. El lenguaje siempre se ha estudiado teniendo como base dos de sus aspectos más aparentes:

- Primero, en los sonidos (que se emiten y que se escuchan) que conforman las diferentes lenguas y en las consecuencias que aportan (comunicación, aprendizaje, almacenamiento de información, y todo lo que se pueda adquirir por medio del lenguaje externo).
- Segundo, representa una capacidad cognitiva exclusiva del Homo sapiens (al menos en la actualidad) y que “todos” los humanos la poseen, por lo que debe de tener un fundamento genético muy importante. Pero casi siempre se ha olvidado su papel en la organización cognitiva del pensamiento humano, tanto que muchos ni siquiera se han planteado tal posibilidad.

La lingüística cada vez es una ciencia de gran amplitud teórica, pues se relaciona tanto con la Neurología (Neurolingüística) y Psicología (Psicolingüística). Esto lo podemos ver bien en las diversas definiciones que sobre el lenguaje conocemos. En general, reflejan los fundamentos teóricos sobre los que se estructura, pero no son los únicos. La definición que recoja más y mejor todos los aspectos que el lenguaje pueda representar debería ser el modelo a seguir. Si vemos las diferentes definiciones que encontramos en diccionarios o trabajos generales sobre el lenguaje, observamos una importante variedad de definiciones, dependiendo de las ciencias que se usen en su estructuración.

- Capacidad propia del ser humano para expresar pensamientos y sentimientos por medio de la palabra.
- Sistema de signos que utiliza una comunidad para comunicarse oralmente o por escrito.
- Sistema de comunicación estructurado para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales. Existen contextos tanto naturales como artificiales.
- Un recurso que hace posible la comunicación. En el caso de los seres humanos, esta herramienta se encuentra extremadamente desarrollada y es mucho más avanzada que en otras especies animales, ya que se trata de un proceso de raíces fisiológicas y psíquicas. El lenguaje brinda la posibilidad de seleccionar, citar, coordinar y combinar conceptos de diversa complejidad.
- Conjunto de sonidos articulados con que las personas manifiestan lo que piensan o sienten.
- El lenguaje es una forma de conducta que posibilita en los organismos la capacidad para relacionar y relacionarse con los fenómenos del mundo físico de un modo cualitativamente distinto. Es un sistema de expresión, representación y comunicación que se basan en un sistema de signos y reglas formalmente bien definido y cuya utilización por un organismo implica una modalidad particular de comportamiento (Belinchón et al. 1992).
- El lenguaje humano sería la transmisión voluntaria de todo pensamiento, idea o sentimiento, por medio de un sistema de representación simbólico (en principio sonoro y/o gestual), con la intención de interferir en la conciencia o atención del oyente, es decir, que sea recibido y comprendido por aquellos a los que se dirige tal mensaje, con algún fin determinado (simple información y/o la posibilidad de realizar tareas en común). (Rivera, 1998, 2009).
- El lenguaje sería la capacidad de unir un signo (auditivo, visual, táctil o gestual) con un componente semántico, con un concepto; es decir, la capacidad para genera símbolos (Arsuaga y Martín-Loeches, 2013).

Todas se basan en la gran funcionalidad que tienen sobre la comunicación, pocas sobre la abstracción y simbolización que conlleva su producción, y ninguna sobre la capacidad de organizar y gestionar el pensamiento consciente de los seres humanos. Hay que profundizar un poco en el origen y funciones del lenguaje, pues la funcionalidad va implícita en su propio origen.
 

La gran conclusión que se puede sacar es que su producción depende más de las capacidades cognitivas de sus posibles creadores (abstracción y simbolización) que de su propia capacidad de emisión de sonidos. Mientras exista una gama suficiente de estímulos (visuales, auditivos, táctiles) que puedan ser recibidos y comprendidos (por ser socialmente aprendidos) por los demás miembros de la sociedad, y un cerebro capaz de simbolizar su pensamiento en esos estímulos, habrá lenguaje. Tenemos los ejemplos del lenguaje de signos de los sordomudos, la forma de hablar de los bosquimanos con gran abundancia de chasquidos realizados con la lengua, o el sistema de silbidos de La Gomera (Silbo Gomero).

Los Australopitecos y Paranthropus no podían hablar porque su cerebro no era capaz de elaborar abstracciones y de simbolizarlas en unos sonidos que ellos si podían entender. Su capacidad de emisión sonora sería limitada, pero real. La diversificación evolutiva de la capacidad de recepción acústica no puede indicar, por sí sola, el inicio hacia un mayor y complejo desarrollo lingüístico, aunque seguro que debió de facilitar el proceso.

* ARSUAGA, J. L. y MARTÍN-LOECHES, M. (2013): El sello indeleble. Pasado, presente y futuro del ser humano. Barcelona. Mondadori.
* BELINCHÓN, M.; IGOA, J. M. y RIVIÉRE, A. (1992): Psicología del lenguaje. Investigación y teoría. Trotta. Madrid.
* RIVERA, A. (1998): “Arqueología del lenguaje en el proceso evolutivo del Género Homo”. Espacio, Tiempo y Forma. Serie I, Prehistoria y Arqueología 11: 13-43. UNED. Madrid.

* RIVERA, A. y RIVERA, S. (2009): “Origen del lenguaje: Un enfoque multidisciplinar”. Ludus Vitalis, vol. XVII, num. 31, pp. 103-141.

domingo, 4 de octubre de 2015

Lambros Malafouris (Material Engagement Theory)

Lambros Malafouris
El desarrollo de la Arqueología cognitiva ni ha avanzado mucho ni es homogénea en sus primeras conclusiones. En general, todos intentan avanzar por medio de un uso interdisciplinar de las ciencias relacionadas con la conducta humana, pero ni su elección ni uso es igual entre los que se han dedicado a ella.

En Inglaterra, y en mundo anglosajón en general (Estados Unidos, Australia, etc.), han sido los pioneros en el desarrollo de tal disciplina. Ya hemos visto el trabajo de algunos de ellos (Colin Renfrew, Merlin Donald, Steven Mithen, WillianNoble e Iain Davidson y Thomas Wynn y Frederick L. Coolidge), ahora analizaremos brevemente el trabajo de Lambros Malafouris de la Universidad de Oxford.

Centra su trabajo dentro de la Arqueología cognitiva en el surgimiento de la autoconciencia, problema que pocas veces ha sido objeto de estudio. La cuestión del yo no puede extrapolarse fácilmente del registro arqueológico, siendo esencialmente un problema de nuestra relación con el mundo material. El yo excede de los límites del cerebro, situándose entre éste, los cuerpos y las cosas, siendo el resultado de la persistente interacción de estos tres elementos. Esto nos lleva a una conciencia especial que llama tectonoetic, que es como una construcción continua e interactiva entre el sistema nervioso y el medio extraneural (cuerpo y cosas). En este proceso la memoria es clave para la constitución de un sí mismo como un objeto histórico (memoria episódica o autobiográfica), y su formación a partir de los datos externos conformando lo que llama memoria expandida (Malafouris, 2008, 2010). La estructura funcional del cerebro es una construcción dinámica que se remodela constantemente por medio de las experiencias importantes, muchas veces creadas por objetos materiales (bastón de ciego, anillos, etc.), que se relacionan con acontecimientos pasados, presentes y futuros, dependiendo de su uso y propiedad. El yo es el resultado de la interacción permanente de la mente, el cuerpo y el medio. Así establece una teoría sobre la relación del medio ambiente s y la creación de la mente (Material Engagement Theory o Teoría del compromiso material).

En esta línea se sitúa Colin Renfrew (2008) con su sapient paradox, en referencia al desfase entre la creación evolutiva de nuestra especie y la muy posterior aparición de la conducta simbólica. Comprende que las capacidades cognitivas se establecieron evolutivamente hace más de 60.000 años (quizás 200.000 años), pero las conductas propias de nuestro cerebro sabio no se establecieron hasta mucho después (hace 10.000 años, aunque ya se vislumbran claramente desde el inicio del Paleolítico superior en Europa y con mayor antigüedad en África del sur), por lo que su aparición tiene los aspectos de emergencia conductual. La base neurológica de la evolución cognitiva humana no puede estar basada en una especificación neurológica o de modulación mental innata, como indica la Psicología evolutiva que sigue Steven Mithen, sino en una modulación neurológica (plasticidad neuronal) dirigida sobre todo después del nacimiento por las características medioambientales. Esto se debe a las características plásticas de nuestro cerebro, que se adapta a las condiciones en las que vive, sobre la base de la socialización de la experiencia compartida. Los factores epigenéticos (ambiente) son fundamentales en este proceso, pues actúan sobre las características innatas y evolutivas del cerebro. La plasticidad neurológica y la socialización son las que van a modular el cerebro de los niños por medio del aprendizaje (conducta plenamente humana: enseñanza por otros miembros de la sociedad) y del lenguaje.

Naturalmente, tales ideas estarían en consonancia con la necesidad de una evolución neurológica adecuada, tanto del lóbulo parietal como del frontal donde se asientan las funciones ejecutivas (memoria de trabajo, planificación, inhibición, flexibilidad, monitorización), estando en consonancia con los postulados teóricos expuestos por Coolidge y Wynn (2011).

Comentarios finales

La influencia cultural, o el medio en el que se vive, es crucial en la configuración del desarrollo de las funciones cognitivas superiores del cerebro. Igualmente, el estudio de la cognición humana no puede realizarse sin conocer la funcionalidad cerebral, tanto neurológico como psicológico. En este contexto, el lenguaje adquiere un papel predominante, tanto que sin él la humanidad no hubiera podido alcanzar este desarrollo cultural y simbólico. Es decir, el desarrollo de las capacidades cognitivas (racionales y emocionales) por medio del lenguaje, el acervo cultural, la tecnología, motivación, sociabilidad, desarrollo e interacción demográfica, y las características medioambientales, interactuando continuamente, son las que vas a ofrecer ese aspecto de heterogeneidad espacial y temporal en el desarrollo conductual que vemos en el registro arqueológico.

Existe una importante correlación teórica entre Lambros Malafouris y otros autores que trabajan en la Arqueología cognitiva (Colin Renfrew y Coolidge y Wynn), aunque sus formas de abordar problemas arqueológicos concretos es diferente. El Estructuralismo funcional (Rivera, 2013), que es la base de la Arqueología cognitiva que propongo, estaría totalmente de acuerdo con todas las ideas que estos autores expones. Sin embargo, creo que con el modelo interdisciplinario que he elaborado se pueden abordar los problemas arqueológicos con mejor fundamento teórico y capacidad explicativa de la conducta del paleolítico. Esto se logra mediante la elaboración de una síntesis interdisciplinaria con todas las ciencias que se relacionan con la conducta humana, lo que no siguen en su totalidad los autores reseñados en esta entrada.

- COOLIDGE, F. y WYNN, T. (2011): “The implications of the working memory model for the evolution of modern cognition”. International Journal of Evolutionary Biology.
- MALAFOURIS, L. (2008): Between brains, bodies and things: tectonoetic awareness and the extended self. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences. London. 363, pp. 1993–2002.
- MALAFOURIS, L. (2010): The brain-artefact interface (BAI): a challenge for archaeology and cultural neuroscience. Social Cognitive and Affective Neuroscience. Oxford. 5, pp. 64–273.
- MALAFOURIS, L. (2013): How Things Shape the Mind: a Theory of Material Engagement. MIT Press, Cambridge.