jueves, 13 de octubre de 2016

Efecto Baldwin en el género Homo

Generalmente, se explica el efecto Baldwin como un peculiar mecanismo evolutivo, donde las características de algunas conductas aprendidas pueden afectar la dirección y la velocidad del cambio generado por la selección natural, es decir, la evolución morfológica.


Efectivamente, cuando diversas conductas de una población son capaces de cambiar el medio ambiente en el que viven (cultural, alimenticio, social, cognitivo, etc.), este cambio alteraría en algún grado la forma de acción de la selección natural en ese nuevo medio. Si la afectación es lo suficientemente importante como para alterar negativamente la reproducción de algunos miembros de esa población, los que por genética puedan superar esas nuevas presiones tendrían un mayor éxito reproductor, y sus características genéticas se impondrían poco a poco sobre los demás componentes del grupo.

Nicho cultural-cognitivo

La condición clave para que se produzca este efecto sería la alteración del medio en el que se vive, de forma que favorezca más a unos componentes que a otros. Esta alteración del medio iría creando un ambiente especial que se ha denominado como nicho. En el caso del género Homo la mayor influencia medioambiental proviene de sus características culturales y cognitivas, pues su desarrollo supera con mucho a cualquier otra influencia que puedan desarrollar otras comunidades biológicas. Por tanto, entre las poblaciones humanas puede hablarse de nicho cultural-cognitivo. (Deacon, 1997; Bickerton, 2009; Tomasello, 1999).

Cuanto mayor sea la capacidad de alterar el medio en el que se vive, mayor serían las posibilidades de alterar la acción de la selección natural, disminuyendo los efectos nocivos mediante un aumento de la adaptabilidad al nuevo medio. Este cambio del medio y la mayor adaptabilidad tendrían como causa principal el desarrollo cognitivo-cultural, siendo heredable y, por tanto, lamarckiano. En este contexto, el desarrollo tecnológico, social, simbólico y lingüístico propio de los humanos, tendría una gran influencia sobre los cambios ambientales. Se comenzaría a desarrollar un nicho cultural y cognitivo, donde se aprendería por medio del lenguaje todos los avances logrados con anterioridad. Este nicho tendría cierto poder evolutivo (efecto Baldwin), pues los cambios morfológicos que peor se adaptasen a esta impregnación cultural tendrían menos posibilidades de procrear (Bateson, 2004). El origen del lenguaje puede deberse a fenómenos evolutivos influenciados por estas características de cambio ambiental (Deacon,1997), donde los genotipos que mejor se adaptasen a estos cambios (cognitivos racionales y emocionales) tendrían más posibilidades de procrear, al generar conductas de mayor poder adaptativo con su desarrollo tecnológico y lingüístico.

Condiciones precisas

La primera es que el genoma de una población tenga la suficiente variación como para ofrecer fenotipos diferentes, pues sería en esta diferenciación donde la selección natural podría actuar. Aunque la producción al azar de las mutaciones genéticas nos impide valorar su desarrollo en el paleolítico, no cabe duda de que éstas tuvieron lugar en el pasado, produciendo cambios morfológicos y cognitivos de forma lenta (mutaciones en genes estructurales) y/o de forma relativamente más rápida (mutaciones de genes Hox o reguladores), o con ambos casos que parece ser lo más plausible (Genética de la evoluciónneurológica. Consecuencias arqueológicas). Estas alteraciones genéticas se distribuirían por la población en función de su mayor influencia sobre las conductas reproductivas. En este contexto, hay que valorar la efectiva variación genética de las poblaciones humanas, la pequeña densidad de las primeras especies y su relativo aislamiento poblacional, por lo que la endogamia tendría un papel importante en el desarrollo controlado de estas mutaciones.

En el género Homo los factores de aprendizaje adquieren un valor añadido, pues las conductas se van haciendo cada vez más dependientes de la enseñanza y otros factores cognitivos (memoria, abstracción, simbolización, lenguaje, autoconciencia, etc.), los cuales pudieron ir coevolucionando en aquellos genotipos más acordes con su mejor asimilación (Exaptación, emergencia y coevoluciónneurológica humana). 

Conclusiones

Desde el comienzo de nuestro linaje (Homo habilis y su forrajeo de lugar central) se ha ido constituyendo una especie de nicho cultural y cognitivo (Tomasello, 1999; Bickerton, 2009), con el inicio de un protolenguaje que facilitase la transmisión generacional de todos los avances culturales y simbólicos que se hayan podido realizar. Así se podría explicar el efecto de la cultura sobre la evolución (efecto. Baldwin), pues el desarrollo del lenguaje sería capaz de estructurar funcionalmente a las áreas de asociación del córtex cerebral, consiguiendo desarrollar capacidades cognitivas que en principio no evolucionaron para tal fin (exaptación), y que tuvieron lugar gracias al desarrollo sociocultural de las poblaciones humanas (emergencias cognitivas).

Al tener un papel fundamental la relación social, el aumento demográfico facilitaría el desarrollo lingüístico y cognitivo. Los humanos, para poder desarrollar sus capacidades cognitivas, necesitan nacer y vivir en un nicho cognitivo-cultural que lo favorezca. Fuera de él no se puede desarrollar o lo hace de forma insuficiente. Que los seres humanos son seres sociales por naturaleza es una realidad absoluta, pues su desarrollo fuera de las características culturales y conductuales de las poblaciones humanas solo puede concluir con una gran limitación conductual y cognitiva (Mecanismosde evolución cognitiva).


- Bateson, P. (2004): “The Active Role of Behaviour in Evolution”. Biology and Philosophy 19: 283-298.
- Bickerton, D. (2009): Adam´s Tongue: How Humans Made Language, How Language Made Humans. New York. Hill and Wang.
- Deacon,T.(1997): The Symbolic Species: the Co-evolution of Language and the Brain. New York:Norton.
- Dennett, D.(1995): Darwin´s dangerous idea. New York: Simon and Schuster.
- Tomasello, M (1999): The Cultural Origins of Human Cognition. Harvard University Press.